JORNADA
La diplomacia y el tren Transcontinental

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sábado 4, marzo 2017

Bolivia invitó formalmente a Brasil para que participe de la reunión internacional que busca impulsar la construcción de una vía férrea transcontinental que una los océanos Pacífico y Atlántico. Hasta ahora, las negociaciones previas se efectuaron sin la presencia de Brasil, que es un actor fundamental, sin el que cual el proyecto quedaría trunco. Autoridades nacionales informaron que cursaron invitación al Gobierno de Michel Temer para que representantes del Ministerio de Transportes de Brasil participen del encuentro multinacional que se realizará los días 21 y 22 de marzo para impulsar el proyecto.

Según informes de prensa, el encuentro comenzará con una reunión previa entre comisiones técnicas de Perú, Paraguay, Alemania, Suiza y Bolivia. Estarán también autoridades como el viceministro de Transportes e Infraestructura Digital de Alemania, Rainer Bomba; una representación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Suiza; el primer Vicepresidente y titular de Transportes del Perú, Martín Vizcarra, y el ministro de Obras Públicas del Paraguay, Ramón Jiménez y empresarios europeos.

Recordemos que en noviembre de 2016, el Gabinete Binacional Bolivia-Perú, realizado en la ciudad de Sucre, el presidente Evo Morales y el mandatario peruano, Pedro Pablo Kuczynski, firmaron un memorándum de entendimiento con la idea de que el Tren Bi-oceánico pase por territorio nacional.

La coordinación funcional de Bolivia y Perú es esencial para el desarrollo de ambos países, y porque puede constituir un aporte fundamental para fortalecer el proceso de integración continental, para lo cual es indispensable la complementación con Brasil. Uno de los proyectos más ambiciosos y factibles es este ferrocarril transcontinental que uniría el Pacífico y el Atlántico pasando por estos tres territorios y conectando, además, con ramales a otros países. Este proyecto, lamentablemente, ha confrontado una serie de circunstancias adversas que parten de visiones geopolíticas opuestas, dificultades geográficas, y limitaciones económico financieras pese a mostrarse como un importante medio que agilite el comercio regional y de ultramar.

Otro proyecto se cruzó en el camino, y Brasil y Perú con el concurso financiero de China, decidieron impulsar el ferrocarril interoceánico marginando a Bolivia, sin dar mayores explicaciones sobre la decisión, que no sea la soberana voluntad de sus gobiernos. Las razones técnicas que resolver referidas a las dificultades topográficas, no resisten mucho análisis por lo que se han especulado otras cuestiones más complejas que tienen que ver con las adversas condiciones sociales y de seguridad de Bolivia, donde en cualquier momento un bloqueo interrumpe las vías troncales y fundamentales, por cualquier motivo, además de las dificultades para controlar la producción y tráfico de drogas, tema que enrarece la relaciones de nuestro país con Brasil, Argentina y otros países.

Además, una serie de circunstancias hacen que estas susceptibilidades se acentúen, como por ejemplo, otro bloqueo que se produce en estos momentos en la carretera bi-oceánica, precisamente en la frontera con Brasil. El Bloque de Transporte de San José de Chiquitos, Santa Cruz, decidió interrumpir el flujo vehicular en la carretera internacional Bi-oceánica, como una medida de protesta por la incursión de otras líneas de transporte. Y aunque la determinación va en contra de las normas que penalizan el monopolio, aproximadamente 200 camiones bloquean la carretera, según reportes de prensa.

La situación se complica más en la imagen internacional de Bolivia, al aprobarse una ampliación de los cultivos de coca en El Chapare y los Yungas, pese a que todos los estudios internacionales demuestran que la mayor parte de la actual producción se va a fines ilícitos y pese a los compromisos de Bolivia de reducir los cultivos ilegales.

Sin duda, a la hora de decir sobre la viabilidad del tren transoceánico, se

Tomará, en cuenta diversos escenarios, hasta la complejidad política y social del sector boliviano, cuya conflictividad hace que el proyecto sea considerado de alto riesgo. Asimismo, será necesaria una acción diplomática decidida para atenuar los efectos de una serie de hechos que han enturbiado las relaciones entre Bolivia y Brasil.

Lo ideal hubiese sido que previamente se logre armonizar los intereses de los tres países y se alivien las tenciones, para que el proyecto se haga una realidad, pero parece que se está optando por la alternativa más costosa que es realizar dos o más proyectos, idea que conspira tanto con la economía como con los intereses mutuos de los tres países y con la factibilidad de una obra de semejante magnitud. Debemos insistir en que la diplomacia, bien desarrollada, es la verdadera industria sin chimeneas que puede edificar con mayor certidumbre, economía, objetividad y armonía.

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