JORNADA
Una autocrítica en Chile tan necesaria para la paz

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lunes 10, julio 2017

La convivencia pacífica, la colaboración y el respeto, son bases para buenas relaciones entre países vecinos, virtudes a las que debería agregarse el cumplimiento de tratados, normas internacionales, así como la solución de conflictos por medio del diálogo, el consenso y la vía diplomática.

Al parecer todo lo mencionado es una quimera con nuestro vecino, Chile, y no por los acontecimientos recientes, sino por sucesos que datan desde 1879, cuando sus tropas, en forma desprevenida y sin declaración de guerra, invadieron territorio boliviano, lo cercenaron y dejaron a la Patria lejos del mar y de la tierra con la que había nacido y heredado de sus ancestros.

Esa es la herida que no ha sido curada, que sigue sangrando, y que impide cualquier relación, por lo menos aceptable, con el Mapocho. Mientras Bolivia no acceda al Océano Pacífico, la susceptibilidad, la confrontación y la desconfianza serán las piedras en el camino de la convivencia pacífica.

Es por eso lo que aconteció con los 9 ciudadanos bolivianos apresados en su territorio, que seguramente en forma involuntaria atravesaron la frontera, cumpliendo su mandato de lucha contra el contrabando.

El caso, que en otras ocasiones no tuvo relieve alguno, fue judicializado, se sentenció a los aduaneros y militares a tres años de cárcel y la expulsión inmediata, además de una multa. En este problema, la injerencia política es la que primó, agravando la situación de los nacionales. Existía el mecanismo del diálogo y de las gestiones diplomáticas, pero se prefirió recurrir a los medios de comunicación para denigrar e insultar.

No se tuvo la menor consideración con los bolivianos, a los que se trató como a vulgares delincuentes. Quizá de por medio existe ese resentimiento, ese menosprecio, que tiene como origen el permanente reclamo por nuestro derecho de retorno al mar usurpado, que hoy se encuentra en la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Dos carabineros chilenos, a los pocos días de cerrase un lamentable episodio, también en forma involuntaria se olvidan de los límites fronterizos y son detenidos en territorio nacional. No se los judicializa ni se les falta el respeto, y menos se los enmanilla de manos y pies. No hay sentencia, sino consideración y comprensión.

Se los devuelve a territorio vecino, a manos de sus superiores, paso que correspondía en esa eterna lucha contra el contrabando y el narcotráfico, cuyos promotores hacen uso de nuestras fronteras para su festín y lucro.

Chile debería inscribir en su comportamiento el comportamiento boliviano. El respeto es la base de la buena vecindad. El diálogo es la vía de la paz. El reconocer errores del pasado, es el camino para restañar heridas y enmendar las agresiones.

Bolivia no pide sus territorios, que muchos los denominan como "cautivos", sino un corredor y un puerto soberanos y libres, para desarrollar su comercio y su progreso. Está en manos de Chile, que se aferra a un Tratado denominado de "Paz y Amistad", que no es más que de injusticia y de confrontación. Es el paño con la sal marina sobre la herida que sangra en Bolivia y en los bolivianos.

Los acontecimientos fronterizos deberían obligarnos a la autocrítica tan necesaria para que nuestra conciencia viva en paz. No es tiempo de "la victoria da derechos". Es tiempo en el que el humanismo, la inteligencia y la razón nos obligan a otros derroteros en beneficio de nuestros pueblos y de la humanidad en general.

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