JORNADA
Democracias imperfectas

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martes 1, agosto 2017

Preocupantes señales del deterioro de la democracia se están dando en algunos países. Son muchos los ejemplos, como la vulneración de la Constitución Política del Estado, la omisión a la separación de poderes, los intentos de reelecciones ilegales, la burla que se hace a la necesidad de la alternancia en el poder, la utilización partidaria de recursos y bienes del Estado para favorecer a una tendencia política; la utilización de las Fuerzas Armadas y la Policía para fines partidistas, y otras circunstancias vedadas por las normas legales pero practicadas en la realidad.

Desgraciadamente estas prácticas se están extendiendo y si no se logra rectificar a tiempo se corre el riesgo de caer en extremos como los que está viviendo Venezuela. La democracia parece consolidarse de manera imperfecta quedándose anclada en algunos temas en América Latina, pese a que los ciudadanos tienen claro el horizonte de plena libertad. Las demandas ciudadanas son claramente de inclusión, de igualdad de trato, acceso y desmantelamiento de las desigualdades. Pero América Latina está claramente en una situación nueva donde la gente busca la participación y no se conforma con que le den recetas hechas al gusto del poder coyuntural.

Es más, la gente apoya la democracia pero que no está satisfecha con su funcionamiento. A propósito de esa situación resulta oportuno rescatar algunos datos del último Latino-barómetro, que considera que la información acumulada a través del tiempo expone una región que no da el salto a grados superiores de democracia, pero que desafía a las instituciones nacionales y multilaterales, así como a los sujetos sociales, los centros académicos y de pensamiento a profundizar y ajustar sus análisis, a afinar las capacidades de interpretación, a reflejar con mayor nitidez las formas en su evidente complejidad.

Sin guerras, América Latina acusa violencia, corrupción y desigualdad como los fenómenos más potentes que retienen a la democracia, según el Latino-barómetro. La satisfacción con la democracia es claramente un indicador de desempeño económico, cae desde el 38% en 2015 al 34 % en 2016, y viene disminuyendo sin pausas desde 2009, en una correlación bastante nítida con el deterioro del crecimiento desde 2010. El informe explica que la correlación se aprecia más claramente al examinar los temas insatisfechos. La satisfacción con la democracia había aumentado desde su punto más bajo en 2001, durante la crisis asiática, cuando llegó al 25%, creciendo después hasta el 44% en 2009, reflejando también un período en que los ciudadanos gozaron mayor prosperidad, y los gobiernos tuvieron más aprobación. A partir de 2010 eso cambia y comienza a disminuir.

Este indicador de satisfacción es de desempeño, estrechamente relacionado al funcionamiento de los gobiernos, e históricamente ha sido inferior al apoyo a la democracia. En todo el mundo hay demócratas insatisfechos, mientras que el apoyo a la democracia varía según la región del mundo. La democracia tiene dificultades en lograr un apoyo mayoritario de la población en América Latina, entre otros motivos, por la percepción de que no se gobierna para la mayoría. Por el contrario, la población tiene la sensación de que se gobierna para el beneficio de unos pocos.

Entre 2004 y 2011 aumentó del 24% al 36% la percepción que se gobierna para todo el pueblo, pero desde entonces el indicador viene bajando hasta llegar a sólo el 22% en 2016, la cifra más baja medida desde hace 12 años. En Brasil, Paraguay y Chile sólo el 9% y el 10% creen que se gobierna para todo el pueblo, mientras que en Nicaragua y Ecuador, esta percepción llega al 46%, y 35%, respectivamente. En Bolivia, la percepción de que se gobierna para todos alcanza al 40%

En cambio, los ciudadanos de la región que creen que se gobierna para el beneficio de unos pocos grupos poderosos, en 2016 alcanzan un máximo del 73%. Esto llega al 88% en Paraguay, 87% en Brasil y Chile, 86% en Costa Rica, 84% en Perú, 82% en Colombia y un 80% en Panamá. En 7 países de la región un 80% o más de la población cree que se gobierna para beneficio de pocos. Es decir, son sociedades que se sienten profundamente defraudadas con los resultados de la democracia y su desempeño. De hecho, en 14 países de América Latina este indicador es más del 60%, y solo en Nicaragua alcanza porcentajes inferiores al 50%, con un 48%. La percepción de que los políticos han perdido credibilidad está muy extendida en Latinoamérica. Un 46% de los ciudadanos cree que no recuperarán la credibilidad, según el informe.

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