JORNADA
Las minas explosivas chilenas

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martes 3, octubre 2017

La actitud hostil de Chile hacia Bolivia tiene orígenes muy antiguos, casi desde la Independencia, cuando desde Santiago se envidiaba la plata de Potosí, y se aspiraba a controlar el guano y el salitre del litoral boliviano. El proyecto de la Confederación Perú-Boliviana, impulsada por Andrés de Santa Cruz, fue desestabilizado y acabado también por Chile, evitando que los dos pueblos, con un mismo origen y tradiciones, alcancen su plenitud en un proyecto que pudo lograr la complementación efectiva y su progreso efectivo en la unidad.

La guerra del Pacífico no declarada y desplegada a traición le permitió a Chile ocupar territorios de los dos países, fue el golpe más duro recibido de ese país, pero no el último. Los chilenos desviaron y se apropiaron de las aguas del río internacional Lauca. Aprovecha abusivamente las aguas del Silala, y no conforme con ello, sabotea las exportaciones e importaciones bolivianas pese a estar amparadas por el Tratado de Libre Tránsito en vigencia, pero incumplido sistemáticamente por Chile.

Por ello no debe extrañar a nadie que haya sembrado de minas explosivas anti personales y anti tanque sus fronteras con Bolivia, Perú y Argentina. Según el ministro de Defensa de Bolivia, Reymi Ferreira Chile aún no desactivó 26.000 minas explosivas que se encuentran sembradas en la frontera con nuestro país. Señaló que reportes chilenos señalan que se ha retirado el 80 por ciento de los explosivos.

Recordemos que 162 países en el mundo son Parte del Tratado de Ottawa, que es la Convención sobre la restricción del empleo de minas explosivas antipersonales, que prohíbe el empleo, almacenamiento, producción, adquisición y transferencia de minas antipersonales y determina su destrucción. Se trata de un tratado internacional de desarme que entró en vigencia el 1 de marzo de 1999, cuando los países signatarios entregaron la Convención al Secretario General de Naciones Unidas.

Chile sembró sus fronteras con más de 180.000 explosivos, esperando a un supuesto enemigo que solamente existe en las afiebradas mentes militaristas. Ganas de reivindicación deben existir en los tres países traicionados y agredidos, pero objetivamente, tanto Argentina como Perú y Bolivia, tienen otra visión y apelaron a la mediación, a la comunidad internacional y a la justicia para encontrar una solución a los problemas pendientes.

Mientras tanto, los explosivos chilenos cobraron muchas vidas de personas y animales, y dejaron a decenas de lisiados, más entre su propia gente. Producto del Tratado, Chile se comprometió a desenterrar y destruir las minas explosivas hasta el año 2012, pero incumplió el acuerdo, ¿a alguien le extraña? y por ahora continúa en esta tarea en forma lenta, al extremo que asumió otro compromiso para cumplir la desactivación hasta el año 2020. La comisión nacional de desminado culpa a las extremas condiciones de la frontera en los Andes por el lento progreso.

Si hubiese buena voluntad, este trabajo se habría terminado en los tiempos comprometidos. Chile, de hecho nunca ha tenido alguna actitud positiva hacia nuestro país, tal vez la acción menos dañina de la historia, sea el desminado de explosivos en la frontera, que puede considerarse como la muestra de una disminución de su beligerancia. Pero esta decisión no responde a una política de pacifismo, buena voluntad, ni humanismo. Es producto de una imposición de la comunidad internacional, de acuerdos ante la ONU y de un tratado internacional.

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