JORNADA
Exclusión por edad

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jueves 5, octubre 2017

Más de un millón de personas con más de 60 años de edad en nuestro país requieren que se cumplan las normas de protección. Este año poco se hizo al recordarse el Día Mundial del Adulto Mayor, el pasado 1º de octubre, que paso casi inadvertido, pese a que cada vez las personas de edad avanzada confrontan graves problemas de salud y seguridad. Pese a las recomendaciones y determinaciones que la Organización de Naciones Unidas, en muchos países como el nuestro, son más las buenas intenciones que una eficiente aplicación de las medidas dirigidas a proteger a los ancianos.

El tema para conmemorar este año 2017, "Entrando en el futuro: Aprovechar el talento, la contribución y la participación de los mayores", hace referencia a la necesidad de posibilitar y aumentar la contribución de las personas mayores en sus familias, comunidades y sociedades, a través de vías efectivas que garanticen su participación, teniendo en cuenta sus derechos y preferencias.

También alude al vínculo que existe entre aprovechar el talento y la contribución de esta generación para el logro de la Agenda 2030. En un comunicado, la ONU señala que la composición de la población mundial ha cambiado de manera espectacular en los últimos decenios. En la actualidad, casi 700 millones de personas son mayores de 60 años. Para 2050, las personas de 60 años o más serán 2.000 millones, esto es, más del 20% de la población mundial.

La discriminación por envejecimiento y en ocasiones el abandono y maltrato de las personas mayores es una actitud frecuente y perjudicial. Esta marginación es una realidad en la mayor parte de las sociedades, de una forma u otra, y se materializa en las actitudes de los individuos, las prácticas institucionales y normativas, y la representación mediática. Todas ellas devalúan y excluyen a las personas mayores. En 2014, los Gobiernos adoptaron una resolución en el Consejo Económico y Social que reconoció que la marginación por envejecimiento es "la razón común, la justificación y la fuerza motriz de la discriminación de las personas de edad".

Tales formas de discriminación, de cómo las personas de edad son tratadas y percibidas por sus sociedades, incluso en los ambientes médicos y centros de trabajo, crean entornos que limitan su potencial y afectan a su salud y bienestar. El fracaso para hacer frente a esta discriminación socava los derechos de las personas mayores y dificulta su contribución a la vida social, económica, cultural y política.

En Bolivia, pese a existir diferentes normas que establecen atención preferencial a las personas mayores en salud, jubilación, atención en servicios y otros, en la realidad nada se cumple, se discrimina a los mayores en empleo, los transportistas los abusan y pocas instituciones cumplen las normas. No hay registros de que un transgresor a estas normas hubiese sido sancionado.

Cuando la ONU estableció el Día del Adulto Mayor, se decía que el mundo entero saldrá beneficiado si se aprovecha su potencial y su experiencia.

Lamentablemente, lejos de cumplirse ese objetivo, ha crecido la discriminación por edad, como una de las peores formas de segregación, especialmente al derecho al trabajo. En Bolivia la discriminación por edad está derivando en actos delictivos, que van desde malos tratos familiares, abusos en asilos, trabas para conceder autorizaciones para conducir, "depuración" en el padrón electoral, límites de edad para contratar profesionales y otras formas ominosas de exclusión.

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