JORNADA
Entre la tragedia y el carnaval

Imprimir Enviar
viernes 9, febrero 2018

A las cuestiones más importantes del país se opone la distracción que posterga la atención a los grandes problemas, dejando para después las necesidades de la población, y postergando las respuestas los conflictos sociales y políticos, y posponer la solución al desbalance económico que agranda día a día el déficit fiscal. Hasta las riadas, inundaciones, derrumbes y cuantiosas pérdidas pasan a segundo plano para dar el mayor espacio al carnaval, que ha sido preparado con meses de anticipación. La sola mención de olvidar la fiesta y atender las prioridades enerva a los cultores de las carnestolendas.

Pero a pesar de los bailarines y comerciantes es necesario meditar sobre algunos temas que hacen con la idiosincrasia nacional. El país necesita trabajar, construir, elevar la calidad de la educación y motivar la vocación por la excelencia. La vida moderna está a favor de los cambios, pues, la quietud es peligrosa, puede llevar a la inacción y hasta a la holganza. Al mismo tiempo, es necesario fortalecer la prudencia dirigida a una previsora preocupación por las consecuencias de las acciones y decisiones, resistiendo los impulsos y tentación de logros fáciles, o de las satisfacciones inmediatas, especialmente las tentaciones de preferir la diversión, el ocio y las dádivas.

Esto no quiere decir que se deba renegar de las tradiciones y del rico ancestro. Es el equilibrio la base para alcanzar objetivos. Bolivia necesita trabajar mucho, recuperar el tiempo perdido y enfocar el futuro aprovechando de la mejor manera los recursos naturales y la diversidad que envuelve a la sociedad boliviana. Nuestro país tiene más feriados que otros países, los paros, huelgas, bloqueos y otras circunstancias frenan las actividades. Las fiestas cívicas, sociales, festividades tradicionales y el folclore ocupan un campo excesivo.

Para nadie es una novedad que en nuestro país todos los días están dedicados al folclore, porque, no hay fecha sin fiestas en honor de cada uno de los centenares de santos que la Iglesia Católica cimentó en las costumbres de los feligreses, que gustosos y entusiasmados, los adoptaron como patronos que merecen ser agasajados con música, bailes, alcohol y pleitesía; con la entrega de ofrendas y reverencias pidiendo hasta milagros, o agradeciendo por los favores recibidos. Es parte del folclore nacional que cultiva estas tradiciones con esperanza, y en muchos casos con una fe ciega.

Nadie se pregunta el significado de la palabra folclore y pocos saben que es una voz acuñada por el arqueólogo británico William G. Thorns, quien hace dos siglos publicó en la revista londinense "Atheneum" una carta en la que por primera vez usó el término "folclore". Este término se basa en la unión de dos voces inglesas: "folk" (gente,) y lore (saber) que se refieren a las manifestaciones ancestrales de las culturas, es decir el arte, la música y costumbres de los pueblos que son transmitidas de generación en generación. El folclore se ha convertido en la expresión auténtica de un pueblo que abarca sus tradiciones, leyendas, costumbres, música, danzas, etc. Estas peculiaridades distinguen una cultura de otra.

El folclore es riquísimo en Bolivia. Su variedad nace de la multicultural sociedad y del sincretismo entre las culturas autóctonas, el legado de la época de la colonia, y la mezcla y germinación de nuevas formas de vida. En nuestro país, la indudable mayoría nacional surge del sincretismo y la mezcla de orígenes de gente de diversa procedencia, cuya esencia se ha traducido en el reconocimiento constitucional como un país plurinacional.

Las fuertes raíces impusieron un modo de vida, costumbres y gustos, adoptando formas de las culturas sobrepuestas y acomodándolas a su forma de ser. Lejos de desparecer, el ancestro se hizo carne y se manifestó logrando un sincretismo ecléctico que dio lugar a lo que hoy es el mestizaje nacional como realidad y categoría social, económica y antropológica. El mestizaje ha sido la esencia de la República y el motor de la transformación. Es el concepto articulador de la identidad de la Nación Boliviana.

Pero la desgracia que afecta a miles de bolivianos y que repercutirá en todo el país, debería hacer meditar a autoridades y a la población de comprender mejor la esencia de la nacionalidad de la que forma parte el folclore, y también en el reconocimiento implícito de que todo tiene que tener su lugar, y el orgullo por los valores culturales no debe hacer perder la perspectiva de la trascendencia de la actualidad, y la necesidad de acomodarse a los tiempos.

Editorial
© 2001-2017 JornadaNet.com y JORNADA son editados por Aurios S.R.L. en La Paz, Bolivia. Teléfono: 591 2 2407789 Fax: 591 2 2487487