JORNADA
Rezago rural

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lunes 2, abril 2018

Mientras en América Latina y el Caribe crece el hambre y han vuelto a subir los indicadores de pobreza, algunos países lograron superar las condiciones adversas y mantuvieron el crecimiento de sus economías, entre ellos Chile, Perú y Bolivia. Por lo menos esos son los datos oficiales de los gobiernos. En la mayoría de los países la situación se ha mantenido estable con excepción de Brasil y Venezuela donde la crisis política afectó la economía a grados sin precedentes.

En general, el hambre está creciendo y la obesidad se ha vuelto una epidemia. El cambio climático amenaza a la agricultura. Millones de habitantes rurales viven en pobreza extrema según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, que el mes de marzo, en la Trigésima Quinta Conferencia Regional realizada en Jamaica, adoptaron algunas recomendaciones de urgente aplicación. Participaron representantes de 33 países de la región.

Los representantes han acordado unir acciones dirigidas a frenar al alza del hambre y la malnutrición, construir un futuro sin pobreza rural y transformar la agricultura para que sea sostenible y resiliente al cambio climático. Existe conciencia en que se tiene que trabajar en ideas muy claras, ya que "sin un impulso inmediato, y a gran escala, la región no podrá alcanzar la meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible: Hambre Cero al año 2030", señala uno de los documentos.

Sin duda son propósitos loables, pero que requieren acción. Un análisis de los temas tratados y la preocupación expresada tanto por la FAO como por los representantes de diferentes países, muestra que el hambre en la región no es producto de la falta de alimentos. Se trata de un problema de acceso a ellos. Por ende, su solución es política: se trata de convertir la seguridad alimentaria en una política de Estado.

Se trata de una preocupación global por los riesgos que genera el cambio climático que perjudica a los más pobres y necesitados, destruyendo cultivos, asolando vastas regiones con sequías y en otras latitudes con inundaciones.

La preocupación es mayor porque en las últimas décadas, el desarrollo de la agricultura de América Latina y el Caribe, ha convertido a la región en un actor de importancia planetaria, clave para satisfacer el aumento de la demanda global de alimentos. Por ello se dice que no es un problema de falta de alimentos, sino del acceso para los pobres.

Un hecho que evidencia el déficit en la producción se observa en Bolivia, que con la migración de los campesinos a las ciudades, los efectos del cambio climático, la falta de fomento a la agricultura y los conflictos políticos y sociales, la producción ha bajado en rubros importantes que antes satisfacían las necesidades, es decir, Bolivia lograba el autoabastecimiento de casi todos los alimentos esenciales, excepto trigo.

Hoy las importaciones han sustituido a la producción nacional, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria. Producimos unas 100 variedades de papa, sin embargo, la importamos de Chile y Perú. Las uvas de Camargo, Tarija y Luribay, no tienen parangón por su calidad, pero llegan toneladas de uva transgénica chilena, lo mismo que otras frutas.

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