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Domingo 23, noviembre 2014
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Mutún, una historia de fracasos

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Guido PIzarroso Durán
miércoles 1, febrero 2012

La historia del Mutún está plagada de frustraciones, errores y engaños. Cuando se produjo la revolución del 9 de abril de 1952, se buscó diversificar la producción del país y romper la cadena de la dependencia del estaño. Entonces se lanzó la iniciativa de explotar el hierro del Mutún. Pero la euforia revolucionaria que un año después nacionalizó la gran minería de los "barones del estaño", Hoshchild, Patiño y Aramayo, postergó el proyecto, ya que la Corporación Minera de Bolivia carecía de experiencia para afrontar un proyecto de esta naturaleza, además que la vinculación carretera con el oriente era inexistente.

Posteriormente, los gobiernos militares de Barrientos y Ovando reactualizaron el proyecto, sin avances positivos. El régimen de Banzer inició la explotación del Mutún y comenzó a exportar minerales en bruto a las acerías de Paraguay y Argentina. Aunque el proyecto fue parado por los bajos precios internacionales del hierro, por lo menos abrió una alternativa para las exportaciones mediante la habilitación de la hidrovía Puerto Suárez, Puerto Cáceres y conexión Paraguay-Paraná.

Los gobiernos del Sánchez de Lozada y Carlos Mesa reactualizaron el proyecto, licitaron y adjudicaron la instalación de una acería a una empresa brasileña. Lamentablemente, las condiciones básicas eran atentatorias al medio ambiente, pues se pretendía que los hornos de la planta se alimenten con carbón vegetal. Después de un largo proceso de negociaciones, durante el gobierno de Evo Morales se adjudicó la explotación del Mutún a la firma Jindal Steel, a condición de que instale una acería y se logre la industrialización generando valor agregado.

El contrato fue firmado el año 2007, con el compromiso de la firma hindú de invertir más de dos mil millones de dólares, de acuerdo a un cronograma que, de haberse cumplido, en este momento ya las inversiones hubiesen superado los mil 500 millones de dólares y la planta estaría a punto de producir. Lamentablemente, el avance está virtualmente en nada, al extremo que la concesionaria, para disimular su fracaso, hace propaganda señalando que está instalando puestos sanitarios, mejorando calles en la población de Puerto Suarez y cumpliendo una labor social para la que no ha sido contratada.

Lo único que ha hecho la Jindal es preparar el campo para la explotación a cielo abierto, de minerales en bruto, para ser exportados como materia prima. Más de cuatro años perdidos y el gobierno continúa dando largas a una determinación que se cae de madura: denunciar por daños y perjuicios a la empresa contratista, que en un claro intento por aludir su responsabilidad, busca "curarse en sano", y reclama por el incumplimiento del gobierno, primero por no entregar los predios de la concesión totalmente saneados en los títulos de propiedad: ahora exige que se instale un gasoducto para proveer de gas natural para la acería, en una cantidad casi similar a la que se exporta a la Argentina.

La Jindal Steel Bolivia (JSB), pidió oficialmente a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) la inmediata firma del contrato de suministro de gas para garantizar la producción de acero en 2014. La empresa se atrevió a advertir que está "en condiciones de garantizarle al pueblo de Bolivia que en 2014 vamos a tener acero hecho en el país", si ahora se concreta la entrega el gas natural, cuando no existe la planta, tampoco la generadora de energía y mucho menos los hornos de reducción.

El Ministerio de Minería y Metalurgia admitió que el plazo para la firma del contrato de provisión de gas natural para el Mutún está al límite, ya que se requiere de unos dos años y medio para tender el gasoducto e instalar la planta proveedora. Seguramente se firmará el acuerdo en días más y comenzará el trabajo, para honrar el contrato pero lo que no debe admitir el gobierno, porque el pueblo no lo tolerará, es que se le suministre gas subvencionado a la Jindal. Tendrá que pagar el precio internacional.

Opinión
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