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Martes 21, febrero 2017
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2017: hacia un compromiso con la naturaleza

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Guido Pizarroso Durán
miércoles 4, enero 2017

El año 2017 recibe una herencia de optimismo sobre la lucha global para proteger el medioambiente, pero al mismo tiempo un inexorable avance de la contaminación y los efectos del cambio climático. Lo positivo radica en el histórico compromiso al que se llegó en París y que fue posteriormente refrendado en Marrakech. Evidentemente, cerca de 200 países acordaron recortar progresivamente el uso de gases contaminantes específicos, en un pacto histórico que permite acelerar la erradicación del uso de químicos que afectan la atmósfera. Las proyecciones indican que el uso de los HFC se podría disparar si no se pone freno, por lo que el acuerdo tiene mayor valor. Los expertos auguran que la erradicación del uso de HFC tendría efectos inmediatos para reducir el calentamiento global.

Asimismo, mientras diversas partes del planeta el año pasado sufrían casi simultáneamente terremotos, tsunamis y temblores de distinta intensidad el pasado fin de semana, la cumbre del clima de Marrakech (COP22), difundía un informe que cuantifica los impactos de los desastres naturales sobre la población, agravados por el cambio climático. El documento señala que las catástrofes naturales causan un daño económico de más de trescientos mil millones de dólares al año y arrastran a 26 millones de personas a la pobreza. Se trata de un informe del Banco Mundial y del Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR).

El documento, presentado en la cumbre del clima de Marrakech, cuantifica los impactos humanos y económicos de los fenómenos meteorológicos extremos agravados por el cambio climático sobre la pobreza y pone de manifiesto que son mucho más devastadores de lo que se pensaba.

América Latina y el Caribe figuran como regiones afectadas por las inundaciones o sequías cuya frecuencia e intensidad está aumentando el cambio climático, y estima que las pérdidas provocadas por estos eventos extremos en la región alcanzan un promedio de 84 mil millones de dólares al año.

En Bolivia los fenómenos extremos han ocasionado cuantiosas pérdidas. Por una parte la sequía afectó a casi el 30 por ciento de la producción agropecuaria, mientras las lluvias e inundaciones hicieron otros daños. Solamente en Santa Cruz, la sequía pasó factura al aparato productivo por un valor de $us 1.000 millones. La sequía en todo el país afectó 290.000 hectáreas de cultivos y 360.000 cabezas de ganado en 142 municipios de ocho departamentos del país.

El investigador del Instituto de Hidráulica e Hidrología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Edson Ramírez, reveló que entre noviembre del 2015 y marzo de 2016, los glaciares del país perdieron al menos 4 metros de hielo por los efectos del calentamiento global. Dijo que en Bolivia se realizó un monitoreo de los glaciares Illimani, Mururata, Huayna Potosí y Tuni Condoriri, entre otros.

En Cochabamba, 36 de los 47 municipios soportaron fenómenos extremos: sequía como no ocurría hace 20 años, granizadas que arrasaron cultivos, heladas y desbordes de ríos. El recuento de los daños señala que los fenómenos afectaron 26.499 hectáreas de unas 41.000 familias en todo el departamento. Además, se registraron 107 incendios que arrasaron con 32.900 hectáreas, 2.500 en el Parque Nacional Tunari.

Todos los efectos climáticos extremos que soportó nuestro país, son consecuencia del cambio climático. Es necesario que tanto las autoridades nacionales como la ciudadanía comprendan la magnitud del problema y la población boliviana, en este año 2017, dé ejemplo al mundo al asumir como suyos los compromisos de la lucha global por la defensa del medioambiente y la naturaleza.

Opinión
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