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Miércoles 13, diciembre 2017
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Urge campaña contra el ruido

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martes 18, abril 2017

Una excelente e inestimable iniciativa fue lanzada por la Alcaldía de Cochabamba, que debiera ser imitada en todas las ciudades del país, especialmente en la sede de gobierno. Se trata de la campaña denominada "Cochabamba Sin Ruido", que busca sensibilizar a la población, pero especialmente a los conductores de vehículos sobre de la contaminación acústica que es generada por el uso recurrente de bocinas y otros instrumentos bulliciosos. Todos los municipios deberían sumarse a esta iniciativa, y además el Ministerio de Salud debería estar junto a Medio Ambiente, haciendo conocer a la población los graves riesgos a la salud por el excesivo ruido.

Recordemos que en la ciudad de La Paz, el año 2015 se desarrolló quinta versión de la campaña contra el bocinazo. Activistas ambientales, estudiantes y empleados municipales ocuparon la zona troncal de la sede de gobierno para promover la conciencia en los conductores de evitar el uso de las bocinas en forma innecesaria. Esta acción formaba parte del

Día Internacional de conciencia sobre el ruido, que se recuerda cada último miércoles de abril, este año es el 26 de abril próximo. Esta iniciativa se establecido desde 1996 por la Liga para el Deficiente Auditivo, con sede en Nueva York. El objetivo es informar y sensibilizar sobre el ambiente sonoro saludable, los efectos negativos del ruido y el respeto de los derechos humanos.

Evaluaciones preliminares señalan que la contaminación acústica en la urbe paceña alcanza niveles preocupantes para la salud de la población, con 90 decibeles, estimación que está por encima de los índices permitidos y de lo que puede soportar el ser humano. Una de las peculiaridades del ruido es que no se ven sus efectos inmediatamente, a no ser que un fuerte impacto nos rompa el tímpano. Se observa cotidianamente al ruido como algo normal, producto de las actividades. A pesar de esto es dañino y está en todas partes.

Es necesario convencer y comprometer en la conciencia ciudadana la gravedad del problema tanto entre los que hacen ruido, como entre quiénes tienen la responsabilidad de evitarlo y controlarlo. La contaminación acústica presenta unas características concretas que lo diferencian de otros contaminantes. Su medición es compleja, y sus efectos no dejan residuos físicos, pero si puede tener un efecto acumulativo como consecuencia en la salud de las personas. Se percibe sólo por un sentido: el oído, lo cual hace subestimar su efecto. Actualmente la contaminación acústica es una de las mayores preocupaciones en las áreas urbanas. De hecho, ha crecido desproporcionadamente en las últimas décadas en todo el planeta y las grandes urbes han tenido que adoptar medidas radicales. De hecho, en las principales ciudades está prohibido en los automotores activar la bocina, instrumento cuyo uso se limita por normas a casos de emergencia. No es solamente por las bocinas y ruido de motores, sino de fábricas y hasta poderosos altavoces y megáfonos a los que muchos locales comerciales recurren para amplificar música y anuncios para atraer la atención de eventuales clientes, ante la pasividad de quienes tienen el deber de hacer cumplir las normas vigentes sobre el tema.

Existen reacciones fisiológicas y psicológicas que surgen como consecuencia de sonidos excesivamente altos. El cuerpo reacciona inmediatamente con la secreción de adrenalina. En el ser humano se incrementa el nivel de estrés. Estudios científicos y médicos han observado consecuencias psicológicas, físicas, sociales y económicas provocadas por los ruidos excesivos. Los principales son malestar y estrés, trastornos del sueño, pérdida de atención, dificultad de comunicación, y otros efectos. En cuanto a la salud, se ha establecido daños en la capacidad auditiva, afecciones cardiovasculares, conductas agresivas, dificultad de convivencia y otros deterioros. También ocasiona perjuicios sociales y económicos al elevar los costes sanitarios, genera baja productividad, puede provocar accidentes laborales y las zonas ruidosas, entre otras consecuencias, hacen perder valor a los bienes inmuebles y perjudica a los negocios.

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