JORNADA
Martes 19, septiembre 2017
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El debate, ejercicio democrático

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José Manuel Loza Oblitas
martes 18, abril 2017

El debate, que es la discusión, la confrontación de ideas, es una práctica democrática que, generalmente, se produce entre candidatos para las elecciones generales en varios países, eventos que son esperados por los electores para definir sus preferencias

Este ejercicio también se lo lleva a cabo en otras circunstancias, como sucede actualmente en un programa de una radioemisora los días sábados, oportunidad en la que se escuchan puntos de vista sobre la realidad nacional, en sus diferentes campos, el político, el social y económico, y en el que participan políticos, analistas, periodistas y también politólogos.

Sin duda alguna, esos encuentros son muy enriquecedores para los que tienen el privilegio de escucharlos, en un marco de respeto, de diálogo, y de tolerancia, aunque no faltan las oportunidades en las que alguno quiere transgredir el clima de paz, de razón y de inteligencia, que deben ser la característica del ser humano.

El debate no tiene como bases la defenestración, el insulto o la difamación, como quiere mostrárselo, sino lo que dice la definición de esta palabra "confrontación de ideas", que en lo político puede traducirse de planes, programas o la misma ideología que sustenta cada uno de los participantes.

En política no es solamente una sesión para filosofar, sino para demostrar en hechos tangibles y reales lo que se ha hecho o se pretende hacer por el pueblo, la democracia, las libertades, la economía, la lucha contra la corrupción, contra el narcotráfico y las consecuencias del autoritarismo.

Al parecer muchos no están de acuerdo con esta forma de discutir o debatir frente al pueblo, que es el que mide lo bueno y lo malo, lo real y lo irreal, sino que es una costumbre inveterada el acudir al discurso extenso e insustancial, en el que se adornan bajos sentimientos y pasiones primigenias del ser humano.

Para ellos el monólogo es diálogo. No existen contendores que critiquen, expongan o refuten, sino una masa que escucha y aplaude, con el aliento de las cohortes especializadas en el aplauso o en las alabanzas.

Desde hace muchos años se ha perdido en el Congreso Nacional esos grandes debates entre intelectuales y políticos, convirtiéndose ese centro, que debería ser de la práctica democrática, en un simple recinto en el que se contabilizan votos y palabras soeces, en variadísimas oportunidades.

Ojalá que en nuestro país retorne el debate. Seguramente será una lección imperdible para los ciudadanos de las diferentes edades. Pero el debate con altura, con conocimiento, con la razón y la inteligencia.

No se mide a los que debaten por parámetros arbitrarios. El político, por esencia, debería ser un servidor de la Patria y del pueblo. No existen sabios con únicas verdades. La palestra los puede mostrar a los que pretenden ser líderes en cualquier campo de la actividad humana.

Opinión
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