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Jueves 20, julio 2017
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La tolerancia del pueblo paceño

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miércoles 12, julio 2017

La población paceña vive una disyuntiva entre seguir soportando pasivamente los atropellos de autoridades y grupos políticos movilizados, o reaccionar frente a los atropellos. Una serie de situaciones están poniendo a prueba la tradicional tolerancia y comprensión que siempre ha existido en la metrópoli paceña. El gobierno central aumenta las tarifas de electricidad abusivamente; el municipio quiere cobrar más impuestos y sancionar la construcciones fuera de norma, mientras se agravan las carencias en los hospitales y escuelas; no mejora el servicio de agua potable que sigue envenenado a la población, y la deficiente energía se encarece pese a ser una de las más altas de Latinoamérica.

La ciudadanía de la sede de gobierno debe soportar una serie de agresiones diariamente, ya que si no son los choferes, serán los gremiales u otras decenas de organizaciones que periódicamente se movilizan en demanda de algo que es utilizado como pretexto para bloquear las calles. Lo peor es que muchas veces los ciudadanos no saben si apoyar las movilizaciones que en muchos casos parecen justas, o salir a defender la ciudad frente agresiones de gente que ni siquiera vive en la ciudad, pero bloquea y ataca el naciente pero eficiente servicio de transporte que tiene La Paz, como es el Puma Katari.

Ayer fue un grupo de vecinos que viven en las afueras de la ciudad, más cerca de Palca y Ovejuyo, así como pobladores de los suburbios en el inicio de la carretera a los Yungas, que bloquearon varios puntos de la ciudad. Aunque los perjuicios no fueron muchos, la incomodidad de la población se reflejó, entre otras cosas, en escases de transporte público, ya que algunos choferes optaron por guardar sus vehículos. Inclusive el servicio municipal Puma Katari, fue limitado debido a que un bus fue apedreado por los grupos movilizados al mando de un militante político que dirige una apócrifa junta de vecinos. Ese grupo exige la derogatoria de la Ley 233 de Fiscalización Técnica Territorial, y su norma complementaria 240, que según el reclamo, establecen sanciones económicas e incremento a los impuestos de los inmuebles. Este extremo es negado por la Alcaldía paceña, pero sus explicaciones hasta ahora han sido más negativas sordas, que una explicación racional que despeje dudas.

Pero esas demandas y movilizaciones no acaban, sino que se complicarán más hoy, ya que la Central Obrera Boliviana (COB) convocó a un paro y marchas de protesta. El secretario ejecutivo de la COB, Guido Mitma, advirtió que no negociará la demanda contra el ajuste tarifario de electricidad de hasta un 3%, que, según sus temores, tendrá efectos multiplicadores. El paro de la COB está dirigido, además, a defender la estabilidad laboral; a que se revierta la acción popular interpuesta por el Defensor del Pueblo contra los paros médicos, y a rectificar la disposición de libre afiliación a las cajas de seguro y la creación de la Autoridad de Salud.

Aunque los paceños ya se acostumbraron a sortear las manifestaciones, bloqueos, paros, gasificaciones y otras acciones hostiles, la recurrencia de agresiones y daños sin sanción alguna, hacen que la situación comience a exceder los límites de la proverbial tolerancia y comprensión de los paceños. Ojalá que ello no ocurra, porque son muchos los ejemplos de la reacción del pueblo chucuta cuando se rebasó el marco de su paciencia. No en vano se le legó la viva señal de ser la cuna de la libertad, pero también la tumba de tiranos.

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