JORNADA
Miércoles 23, agosto 2017
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La democracia es mortal

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Dr. DAEN Ronald Torres Armas
viernes 11, agosto 2017

Venezuela se hunde en el círculo vicioso entre autoritarismo y el caos anárquico. Es la reproducción de la historia política: el autoritarismo genera rebelión y el caos abre paso al abuso del poder. Son los malos gobernantes quienes destruyen a sus países. Maduro, siguiendo la ruta venezolana del populismo a la dictadura, se está convirtiendo en el sepulturero de la "Revolución Bolivariana". Abrumado por su desastrosa gestión, la oligarquía chavista que ha gobernado ese país durante 18 años, hoy con la Constituyente y bajo la tutela de La Habana, quiere controlar la redacción y aprobación de una Constitución espuria, para imponer instituciones y políticas económicas como las que imperan en Cuba. El objetivo es eliminar a los enemigos y radicalizar la revolución.

Los ciudadanos venezolanos viven atrapados en una disyuntiva: o se resisten al despotismo y la ilegalidad o admiten y aceptan un sistema de gobierno y un sistema político similar al cubano.

La oposición está aplicando el Articulo 350 de la Constitución de Venezuela que autoriza a: "desconocer a cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe la Constitución, los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos", pero no le basta y, paradójicamente, al aplicar el artículo, está convertida en defensora de la Constitución chavista.

Activada la Constituyente, el conflicto pasa a una nueva etapa. Maduro no podrá dar viabilidad o gobernabilidad a una Constituyente que nació inauditable, realizada sin testigos ni observadores y con la complicidad vergonzosa de la CNE. No importo quien y cuantos votaron, importa quien contó los votos. Al nacer muerta, sin legalidad, sin legitimidad y por lo tanto sin autoridad, van a tener que recurrir a las Fuerzas Armadas para imponer sus decisiones.

¿Es conveniente un cambio de estrategia para evitar la consolidación de la dictadura? Solo EEUU, al cortar la importación de petróleo, asfixiaría la economía venezolana e indirectamente afectaría también a los cubanos induciéndoles a influir sobre Maduro; además, Cuba administra la información de inteligencia y la seguridad de Venezuela y la prioridad de Castro es el deshielo con EEUU. La otra opción es la ruptura de relaciones diplomáticas con el gobierno de Maduro y la retirada de los embajadores. La solución solo puede brotar desde dentro. Una posibilidad real es que la Constituyente abrirá más las disidencias internas del chavismo por el control del que será el máximo órgano de Gobierno del país, incluso al del propio Maduro. Y, otra, la resistencia en las calles con el apoyo de militares que defiendan los derechos humanos y el apoyo de la comunidad internacional.

Pero hay dos hechos futuros inquebrantables: al pueblo en la calle no se le puede poner límite; el pueblo movilizado es el poder originario constituyente y jamás se rendirá: esa es la gloria de los pueblos, Maduro debe saber que sus actos no van a quedar impunes.

Opinión
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