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Sábado 23, septiembre 2017
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Misicuni, ¿por fin?

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viernes 8, septiembre 2017

Con un costo que subió de 80 a 375 millones de dólares, por fin se inauguró el Proyecto estrella de Cochabamba, que generó movilizaciones, medidas de presión y hasta precipitó la guerra del agua. Se trata de la represa Múltiple Misicuni, que comenzó a operar –aunque parcialmente y con desperfectos- en sus tres componentes (generación de energía eléctrica, y provisión de agua potable y para riego). Las autoridades anhelan que para el aniversario de Cochabamba el complejo funcione completamente, aunque existe justificada preocupación debido a que se produjeron fallas, además de rectificaciones y varios incumplimientos en el cronograma de las obras.

La Central Hidroeléctrica Misicuni fue puesta en servicio por el presidente Evo Morales, en un acto en el que participan autoridades nacionales, departamentales y organizaciones sociales. La generación de energía es el segundo de los tres componentes del Proyecto. La planta tiene una potencia instalada de 120 megavatios, con tres turbinas. Las obras se iniciaron en 1995 y su costo se estimó en 85 millones de dólares, pero los trabajaos sufrieron demoras por falta de financiamiento.

El actual gobierno reactivó el proyecto en 2006, y el costo se rectificó hasta los 375 millones de dólares, distribuidos en 142 millones para la central hidroeléctrica y otros 146 millones para la represa, a lo que se deben añadir 85 millones de dólares de la primera etapa.

La represa podría enviar 1.000 litros por segundo de agua a Cochabamba, pero solamente se bombearan 200 litros por segundo debido a deficiencias en conexiones y otros problemas, según el ministro de Agua y Medio Ambiente, Carlos Ortuño. El ministro de Energías, Rafael Alarcón, informó que la Central Hidroeléctrica Misicuni proveerá 120 megavatios (MW), el 8% de la oferta de energía que tiene el Sistema Interconectado Nacional (SIN), que subió a cerca de 2.099 MW.

La historia de este proyecto está plagada de desaciertos, incumplimiento, deficiencias en las obras, alza de costos y enredos legales. El Consorcio Hidroeléctrico Misicuni (CHM) comenzó el proyecto con una sociedad que carecía de bases legales, asociada a empresas que solamente prestaron su nombre. El resultado fue desastroso y se tuvo que rescindir el contrato e iniciar acciones legales que nunca prosperaron contra los responsables. Luego se entregó el contrato a otras empresas de dudosa solvencia ética, como la CAMCE de tan enlodados antecedentes.

El presidente Evo Morales en alguna oportunidad realizó observaciones al proyecto y manifestó su desconfianza por la seguridad técnica de la obra. En varias ocasiones se ha insistido en que se debe desarrollar una investigación sobre todo el proceso de adjudicaciones y que en la investigación se incluya al Consorcio Misicuni, a Camce Engineering Bolivian Bronch, Tecnosuelos y a la empresa supervisora Engevix Caem.

El representante de la Sociedad de Ingenieros Eméritos de Cochabamba, Gonzalo Maldonado, el año pasado, cuando debía entregarse la obra, afirmó que la represa, que embalsará las aguas de los ríos Misicuni y Vizcachas presenta fallas geológicas en varios frentes de la construcción. Advirtió que a mediano plazo estas fallas podrían ocasionar rajaduras y fugas de agua en la cara de concreto de la represa.

La represa debió entrar en operaciones el año 2012. Luego se anunció para diciembre del 2015 y posteriormente se fijó para el 17 de julio de 2016. Desgraciadamente, nada ocurrió. Solamente se hicieron pruebas que fueron desalentadoras.

Desde un comienzo, la danza millones generó dudas y exacerbó a las instituciones más representativas. Las muestras de irresponsabilidad en la ejecución, incumplimiento de plazos, inversiones, cambios en algunas previsiones de la obra, mostraron que algo estaba mal. Un informe técnico señala que el proyecto inicial buscaba aprovechar los recursos hídricos de los ríos Misicuni, Viscachas y Putucuni, al otro lado de la Cordillera del Tunari, mediante el embalse y trasvase de sus aguas para el consumo humano, riego y generación de energía eléctrica. La obra debía lograr capacidad suficiente para los requerimientos de 1,3 millones de habitantes. Los municipios beneficiados directamente serán Cercado, Quillacollo, Tiquipaya, Colcapirhua, Vinto y Sipe Sipe. La represa debería suministrar 3.100 litros por segundo de agua. De este volumen, 2 mil se destinarían a la dotación de agua potable para el consumo humano. Otros 1.100 serviría para la irrigación de 4 mil hectáreas de cultivos. Además, esta represa debería tener capacidad para almacenar 150 millones de metros cúbicos de agua y con parte de ese volumen se generaría electricidad.

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