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La independencia de Poderes

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miércoles 11, octubre 2017

La democracia, como se lo ha señalado en forma reiterativa, representa las libertades y el bienestar del pueblo, a través de los tres poderes del Estado, los que son elegidos directamente por él en plebiscitos en los que cada uno deposita su voto y transmite su preferencia política, para que alguno de los contendientes asuma el mando de la Nación, para servir al ciudadano, para administrar los bienes del Estado y para defender y resguardar la soberanía y dignidad nacionales.

Siempre se han tenido críticas a diferentes gobiernos del tiempo democrático, ya sea por sus excesos de poder, su mala administración o la componenda política y la distribución de las funciones públicas entre sus adherentes, en esas dos Bolivias: "de los que suben y de los que corren".

El sistema de la composición del Estado, sus pesos y contrapesos, han sido la visión de ese Espíritu de las Leyes de Montesquieu. La independencia y la coordinación entre los tres poderes, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.

Esta premisa se encuentra en la Constitución Política del Estado, en su artículo 12, que señala: "El Estado se organiza y estructura su poder público a través de los órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral. La organización del Estado está fundamentada en la independencia, separación, coordinación y cooperación de estos órganos".

Durante estos 35 años de democracia continua y, seguramente, también antes de los regímenes de facto, este enunciado se convierte en irreal, utópico, aunque tiene un contenido profundo entre administración, fiscalización y justicia.

En este tiempo reciente, en el que algunas generaciones han podido ser testigos cercanos de la realidad, no existió ni existe independencia y menos separación de poderes, frase que queda solamente en la Carta Magna, como un enunciado más.

En los denominados gobiernos neoliberales, que no alcanzaban el 50 por ciento de la votación popular en las elecciones, los primeros, segundos y terceros, necesariamente debían negociar la denominada "gobernabilidad", apoyándose mutuamente en el Parlamento, pero con la condición de ocupar determinados espacios en la administración pública, en los que podían satisfacer las necesidades de sus militantes. Podemos señalar el tiempo de los "socorros mutuos"

En la actualidad, cuando el gobierno alcanzó a cubrir los dos tercios de la Asamblea Legislativa, con el apoyo popular en las elecciones, ya no ha necesitado de negociaciones inter-partidarias, sino que ya encontró acomodo para sus organizaciones sociales que se integran como parlamentarios, aunque sin voz ni voto, ni como librepensantes, sino como parte de la masa que debe aceptar e imponer lo que le manda el poder o el partido.

Es decir, en ambas oportunidades no se practica la independencia de poderes. El poder Legislativo siempre ha sido un apéndice e del Ejecutivo, lo mismo que el Judicial.

Creemos que vale la pena realizar una profunda reflexión sobre la democracia y buscar caminos para una reforma constitucional, en la que se garantice la independencia de poderes. De otra manera continuaremos profundizando los intentos de hegemonía de los tres poderes del Estado, a cargo de una persona o de una organización política y menos del pueblo que, se supone, es el soberano.

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