«A Taste of Sky», un retrato de Gustu y su revolución de la cocina boliviana

EFE

La revolución gastronómica que el chef Claus Meyer inició en Bolivia con el restaurante Gustu y el giro que supuso para la vida de dos humildes estudiantes protagonizan el documental «A Taste of Sky», estrenado eL viernes en Estados Unidos dentro del Festival de Cine de Tribeca.

La cinta muestra los entresijos del conocido restaurante y escuela de cocina abierto en La Paz en 2013, un proyecto con el que el cocinero danés -copropietario del legendario Noma de Copenhague- buscaba impulsar la cocina del país latinoamericano y ayudar a jóvenes bolivianos.

Dos de ellos, Kenzo Hirose y María Claudia Chura, son los ejes en torno a los que gira la película, que narra su experiencia en la capital del país y su profunda conexión con sus lugares de origen, dos zonas tan diferencias como la Amazonía y el altiplano boliviano.

Para ambos, Gustu es una puerta al mundo de la alta gastronomía, pero al mismo tiempo les obliga a dejar sus hogares y vivir lejos de sus familias y las expectativas más tradicionales, un conflicto muy presente en el filme.

«Nunca me imaginé ni siquiera estar aquí en Nueva York, conocer más de lo que es la alta cocina», explica Hirose en una entrevista con Efe, en la que destaca cómo el proyecto de Meyer le cambió la vida.

Tras formarse en La Paz, el joven pasó por Mugaritz -uno de los restaurantes más reconocidos de España- y ahora está de vuelta en Gustu, como encargado de su laboratorio.

Para Hirose, que Meyer eligiese Bolivia para su proyecto ya fue en sí una «revolución» y ha permitido que la gastronomía se vea de una forma diferente en el país, donde hay un gran aprecio por los productos tradicionales, pero donde cuesta mostrarlos al público, según apunta.

El chef danés, mientras, recalca que la apuesta por Bolivia fue muy meditada una vez que decidió que, tras revolucionar la cocina nórdica, su siguiente paso debía ser transformar la de un país menos privilegiado y combatir la pobreza.

Según explica a Efe, buscaba un país con una gran diversidad biológica sin explorar, que no fuese tan pobre como para convertir el proyecto en algo poco ético, que no tuviese una escena culinaria demasiado desarrollada, que fuese seguro y con gente amable.

«Todo eso lo encontramos en Bolivia», asegura el chef, que se declara muy orgulloso del «progreso fenomenal» logrado en un «tiempo limitado».

Meyer, que tras varios años cedió la gestión de Gustu a personal local, desembarcó en Bolivia con la gran preocupación de que no se viese su apuesta como un intento por imponer desde fuera el cambio en la cocina del país, una cuestión que también es uno de los elementos clave de la película.

Ahora, con la perspectiva del tiempo, asegura que le gustaría haber involucrado aún más a actores bolivianos en el proceso intelectual detrás de su apuesta y haber logrado que el personal danés hubiese tenido menos protagonismo.

Para el director del documental, el debutante Michael Lei, uno de los grandes alicientes de la producción era la oportunidad de viajar con Hirose y Chura a sus hogares y descubrir los paisajes y sabores del país.

«Nos sentíamos como exploradores, en el Amazonas, en el altiplano», recuerda en declaraciones a Efe.

La parte más enriquecedora de la película, sin embargo, admite que fue conocer a sus protagonistas bolivianos y daneses. «Realmente sentimos que tenemos nuevos amigos y familias en estas dos culturas tan lejanas», subraya.