Alan García, ¿historia de corrupción y fuga que se repite?

Mariana Álvarez Orellana

Imputado por varios actos de corrupción, Alan García, que fuera dos veces presidente del Perú, se refugió en la casa del embajador uruguayo en Lima y pidió asilo como “perseguido político”, tratando de evadir una investigación por múltiples sobornos recibidos de la constructora brasileña Odebrecht.

La historia vuelve a repetirse.

Como ocurrió hace 26 años, Alan García, que gobernó Perú dos veces –entre 1985 y 1990 y entre 2006 y 2011 como líder de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA)-, se fugó de la Justicia y repitiendo la historia, se refugió en una embajada para pedir asilo, horas después que un juez ordenara su impedimento de salida del país por 18 meses en el marco de una investigación por los sobornos pagados durante su segundo gobierno por la trasnacional brasileña.

En 1992 Colombia le dio refugio y García, acusado de corrupción, estuvo fuera del país hasta que prescribieron los cargos en su contra. La diferencia es que ahora no hay en Perú un gobierno golpista, autoritario y genocida, como era el de Alberto Fujimori.

Poco antes de asilarse en la casa del embajador de Uruguay, Carlos Barros, García había asegurado a la prensa que no tenía problemas en quedarse en el país para enfrentar las investigaciones. Pero, la historia vuelve a repetirse y un abismo separó a sus palabras de sus acciones. “Las sospechas no llegan solas: Solicitar asilo al extranjero es un indicativo elocuente de cómo el expresidente Alan García percibe su propia situación legal”, editorializó el conservador diario El Comercio.

El presidente Martín Vizcarra conversó el domingo con su homólogo uruguayo Tabaré Vázquez, y prometió entregar toda la información requerida. El vicecanciller uruguayo Ariel Bergamino, dijo que teniendo en cuenta la naturaleza del pedido, la respuesta de su país se dará en un breve plazo y siguiendo los procedimientos de la Convención de Caracas de 1954.

Vizcarra, en su cuenta de Twitter, señaló apenas se supo del pedido de asilo que “No existe persecución política y todos deben allanarse a la Justicia”, en un claro mensaje al gobierno uruguayo, que todavía no decidió si otorga o no el asilo. García habló por teléfono con el presidente uruguayo Tabaré Vásquez, quien deshoja la margarita de si le conviene proteger a un expresidente acusado de corrupción, de cara al año electoral.

“Ahora sí se podrá investigar al ciudadano Alan García”, dijo el fiscal José Domingo Pérez, el mismo que pidió la detención preventiva de Keiko Fujimori, hija del dictador-genocida y lideresa de Fuerza Perú. Obviamente no contaba con su fuga.

García es investigado por la fiscalía por el pago de sobornos para la adjudicación y sobrevaluación de la construcción de los tramos uno y dos del Metro de Lima por un consorcio encabezado por la trasnacional brasileña Odebrecht, tras la confesión hecha por un exfuncionario de que se pagaron 24 millones de dólares en coimas por esa obra.

Ocho millones de dólares de ese soborno fueron a manos del entonces viceministro de Transportes Jorge Cuba y otros funcionarios de menor rango. Sobre los otros 16 millones es que se investiga a García, amigo de Jorge Barata, jefe de Odebrecht en el Perú, el encargado de negociar y pagar los sobornos que repartía la empresa.

Durante su gestión dio una serie de decretos que favorecieron a Odebrecht para adjudicar obras como el Metro de Lima y para beneficiar a la empresa con modificaciones de contratos que le permitieron sobrevaluar costos. En el caso del Metro, se estima una sobrevaluación de unos 400 millones de dólares. Y no ha sido la única obra concedida a Odebrecht y sobrevaluada en la gestión de García.

La prensa limeña señala que Cuba, bajo detención preventiva, colaboró con las autoridades judiciales confesando todo lo que sabe, lo que precipitó el pedido de asilo del ex presidente.

También en estos días se revelaron documentos de Odebrecht que confirman que esta empresa le abonó a García cien mil dólares desde la oficina encargada de pagar los sobornos (lo que vincula directamente a las partes investigadas), por una conferencia dada en Sao Paulo: la empresa utilizó un testaferro para ocultar quién pagaba, una forma de encubrir el pago de sobornos. La fiscalía también investiga la entrega oculta de 200 mil dólares por parte de Odebrecht a la campaña electoral de García de 2006.

“Pruébenlo, pues, imbéciles”, le había contestado García hace unos días a la prensa cuando le preguntaron por la investigación de la fiscalía por supuestos sobornos recibidos de Odebrecht y las nuevas evidencias en su contra. Su fuga suena a prueba.

“La historia jamás contada”

Desde el “aprismo puro y sincero”, una carta hecha pública por Augusto Valqui Malpica, recuerda que García regresó al Perú a fines de los años setenta sin haber concluido ningún estudio universitario, amparado por Armando Villanueva del Campo que, amigo de su padre –a quien Alan despreciaba por su honestidad-, lo encumbró en la Secretaría de Organización del Partido Aprista, sin haber tenido experiencia alguna.

Fue muy hábil en su estrategia para destruir, primero a los viejos “ingenuos” del APRA, con demagogia y mentiras, añade Valqui, y quien recuerda que con un grupo de apristas intelectuales de San Marcos y Villarreal y apristas empresarios como yo –que caímos en tu trampa–, te apoyamos para que fueras Secretario General del Partido, inclusive económicamente. Creímos que eras la esperanza y la bandera de revolución democrática que nuestro Perú necesitaba”.

“Éramos muchos ingenuos los que veíamos en ti a un hombre pobre que con sacrificio había estudiado algo de Derecho en San Marcos; no ponderamos las quejas de Luis Heysen, cuando arremetiste y violaste a su hija. No supimos entender las palabras de Jorge Lozada Stambury en un caso parecido. Menos aún, entendimos el extraño poder político que ostentaba el aprista chalaco Raúl Vizcardo, que tuvo la indignidad de callar por ambiciones politiqueras personales el incidente en el cual asaltaste malamente a su hermana”, denuncia.

Valqui también se refiere a las condiciones de salud mental del expresidente: tenía que tomar cuatro o cinco pastillas diarias para estabilizar su desequilibrado ser. “Callamos lealmente”, reconoce. Recuerda el desprecio por su padre y la crueldad para con su hermano.

“Aunque Jorge del Castillo meta los sucios dineros robados a lo largo de su ´carrera´ política, y tú también inyectes los billetes con los que el imperio y la derecha te compraron, debes saber que los apristas lucharemos para acabar con ustedes dos. Formen su partido político de extrema derecha, como lo califica Juan Sheput, el asesor de Toledo, y como lo reconoce Lourdes Flores, otrora representante de lo que tú ahora te jactas de ser: ser el líder de la plutocracia”, concluye.