Alternativas portuarias

En medio de los desencuentros políticos, la tragedia del deslizamiento en La Paz, y la avalancha de acusaciones y contra-acusaciones de corrupción y vínculos con el narcotráfico, una saludable noticia recibió el país al comprobarse que por fin Bolivia empezó a diversificar las opciones para exportar e importar bienes utilizando puertos alternativos, y disminuyendo el uso de las terminales chilenas. A los puertos peruanos de Matarani e Ilo se sumó en forma efectiva la utilización de la hidrovía Paraguay-Paraná que permite salir hacia el Atlántico utilizando el Canal Tamengo y los atracaderos Jennefer, Aguirre y Gravetal.

Es cierto que por el momento los puertos chilenos continúan moviendo la mayoría absoluta de la carga de y hacia Bolivia, pero es alentador que el anunciado desvío de la mercadería nacional se haga por fin una realidad. De acuerdo a los datos de la Empresa Portuaria Arica, entre enero y marzo del presente año, atendió el flujo de 470 mil toneladas de carga boliviana, mientras que el año pasado en el mismo período movilizó de 574 mil toneladas. Asimismo, el puerto de Ilo subió el manejo de carga boliviana en el primer cuatrimestre de nueve mil toneladas el año pasado a 25.000 toneladas en los primeros 4 meses de 2019.

Bolivia es el principal cliente de los puertos del norte chileno, pero el trato que se ha ofrecido ha ido desmejorando en lugar de avanzar, pese a los compromisos de libre tránsito. Las violaciones al Tratado de 1904 se acentúan y el comercio exterior de nuestro país sufre cuantiosas pérdidas principalmente como consecuencia de la mala administración de la concesionaria privada Terminal Portuaria de Arica (TPA), que ha ocasionado que el puerto colapse al no poder despachar la carga, además de haber subido tarifas y derechos de uso en forma recurrente.

Recordemos que Bolivia denunció en junio del año 2017 ante la Organización de Naciones de Unidad (ONU) el perjuicio al país por los 34 días de paro laboral en el puerto chileno. Inclusive en más de una oportunidad las autoridades chilenas han señalado que no les interesa seguir movilizando la carga boliviana y hasta sugirieron que se busque alternativas portuarias. Pero cuando vieron que esta situación podría hacerse realidad, cambiaron de opinión y manifestaron su interés por ofrecer mejor servicio.

Parece que llegó el momento en que Bolivia se libere de la hostilidad chilena, y consolide las opciones que se abren y están al alcance del país. La salida al Atlántico está demostrando su factibilidad y merece ser impulsada, así como fortalecer el uso de los puertos peruanos. Pero lo más importante, es hacer realidad la concesión sin precedentes que hizo Perú para la utilización del puerto de Ilo, para que sea utilizado por 90 años. Ya pasaron 30 años del acuerdo y nada se hizo. El comercio exterior boliviano continúa atrapado por Chile, debido a que la infraestructura vial y ferroviaria ha sido construida para salir por Arica y Antofagasta. Ni los malos tratos, y menos el incumplimiento del Tratado con Chile, han podido frenar lo que parece una tendencia gravitacional para la ruta de las exportaciones e importaciones. Se estima que el 85% de la carga de la terminal de Arica es boliviana.

Los gobiernos nacionales han mantenido esta dependencia a pesar del pésimo servicio y de la actitud hostil chilena. En muchas oportunidades se planteó la utilización de otros puertos, aprovechando las ofertas de los países vecinos. La iniciativa privada ha demostrado que es factible la hidrovía Paraguay-Paraná, no solamente como opción alternativa, sino pensando en una realidad objetiva que en este momento mueve un importante flujo de mercancías de los cincos países de la Cuenca del Plata. Recordemos que el año pasado el interventor del puerto de Buenos Aires, Gonzalo Mórtola, se mostró interesado por operar la carga boliviana que se mueve por la Hidrovía Paraguay-Paraná a través del complejo portuario de la capital argentina. Ofreció facilitar el transbordo hacia buques oceánicos de carga, tanto de exportación desde Bolivia como de las importaciones. Las opciones están abiertas para que Bolivia pueda diversificar el uso de terminales portuarias amigables que a corto plazo hagan posible olvidar la nefasta dependencia y vencer el entorpecimiento creciente que dificulta la salida por puertos chilenos.