Bajas inversiones

Las inversiones son la base para alcanzar metas de desarrollo, generación de empleo, diversificación de la producción y lograr metas óptimas de competitividad. Los recursos internos son insuficientes, por lo que es imprescindible apelar a la Inversión Extranjera Directa (IED). Lamentablemente, en Bolivia la atracción de capitales encontró una actitud mezquina durante el último decenio, debido a una serie de factores internos y externos.

El origen de las bajas inversiones es explicado en informe anual de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), denominado “Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2018”. Bolivia ocupa el noveno lugar entre los países sudamericanos como receptor de capitales, mientras que a nivel mundial se sitúa en el puesto 109 entre 200 países, de acuerdo con un ranking elaborado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNTACD).

Según el Reporte de Inversión Mundial (World Invesment Report) 2017 de UNTACD, los flujos de IED recibidos por Bolivia en 2016 se situaron por debajo del resto de los países sudamericanos, con excepción de Paraguay, sin tomar en cuenta Surinam y Guyana. En el último informe anual de la CEPAL, dado a conocer en agosto, se presentan y analizan las principales tendencias de la inversión extranjera directa (IED) en los países de América Latina y el Caribe, y se explican las causas de la menor inversión en la región. Señala que en 2017 se profundizaron algunas tendencias en el escenario económico mundial que han generado un clima de incertidumbre para las inversiones.

En particular, se confirmaron anuncios de posibles restricciones comerciales y presiones para relocalizar la producción en los países desarrollados. Al mismo tiempo, -dice la CEPAL- las autoridades de China han tomado medidas para restringir las salidas de inversión extranjera directa, a fin de ajustarlas al plan estratégico de ese país. A estos elementos hay que sumar la expansión de las empresas digitales, que requieren una menor inversión en activos tangibles para crecer a escala internacional y que están fuertemente concentradas en los Estados Unidos y China, lo que disminuye la necesidad de fusiones y adquisiciones transfronterizas.

Estos aspectos contribuyen a explicar la caída de la IED mundial en 2017, pese a un contexto internacional caracterizado por un mayor crecimiento de la economía mundial (de un 3,2%), así como la elevada liquidez internacional, los altos beneficios para las grandes empresas y optimismo en los mercados financieros. El informe añade que en este contexto internacional, las corrientes de IED en América Latina y el Caribe se redujeron en 2017, hasta los 161 mil 673 millones de dólares, cifra un 3,6% menos que la registrada el año anterior.

En realidad la IED en América Latina y el Caribe cayó por cuarto año consecutivo, sin embargo, en el caso boliviano ese índice subió a $us 725 millones de los $us 335 millones que se había logrado el año anterior. Pero es una cantidad ínfima si se toma en cuenta que el año pasado la IED en la región fue mayor a los 161 mil millones de dólares.

En el caso de Bolivia, a los factores externos que impiden mayores inversiones hay que añadir la hostilidad hacia los capitales transnacionales, las amenazas de nacionalizaciones, las restricciones a las exportaciones y repatriación de utilidades, las cargas impositivas, la inseguridad jurídica y la permanente tensión social y política.