Biocombustibles, ¿decisión fatal?

Un «elefante blanco» es la instalación de un bien inmueble que tiene un impacto negativo en la comunidad ya que queda abandonada; sus costos superan los beneficios de su funcionamiento, ya que no son usados o se les da un uso diferente a los propósitos para los que fueron creados. Se asegura que esta expresión viene de una historia en la que los Reyes de Siam regalaban elefantes blancos a los albinos con el objetivo de arruinarlos a causa de su gran tamaño y altos costos de mantenimiento. Los animales se convertían en grandes molestias para sus dueños y sus costos eran muy altos comparados con los beneficios obtenidos.

El diccionario Oxford de inglés define elefante blanco (white elephant) como una posesión que es inútil o molesta, especialmente una que es cara de mantener o difícil de eliminar. En la política y en la burocracia criolla nacional se dice de todo proyecto que tiene un impacto negativo en la comunidad, que no cumple su función, queda abandonada, sus costos superan los beneficios de su funcionamiento, o se les da un uso diferente a los propósitos para los que fueron concebidos.

En nuestro país, en varias oportunidades, se han desarrollado proyectos sin haberse efectuado los estudios necesarios que justifiquen la viabilidad económica y su producción sustentable, creándose estos «elefantes blancos». Ojalá no se replique este problema con el anuncio del Gobierno del proyecto de coordinación con el sector privado para producir biocombustibles. Hubo entusiasmo en parte del agro cruceño, pero hace pocas horas la FAO lanzó un balde agua fría a la espalda de los que propiciaron este proyecto. El representante en Bolivia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Theodor Friedrich, calificó de fatal, la decisión del Gobierno boliviano de apostar a los biocombustibles, con lo cual no se ayuda a la seguridad alimentaria, al medioambiente, ni al cambio climático. Friedrich advirtió que las consecuencias de habilitar tierras para los biocombustibles conllevan la degradación del medioambiente, mayor afectación de las áreas forestales y más cambio climático.

Por otra parte, ambientalistas del país han alertado que más del 80 por ciento de cada litro de combustible súper etanol es subvencionado, y que solamente un 12% corresponde al aditivo producido en los ingenios azucareros que producen alcohol anhidro. Pero no es solo eso, se está jugando con la esperanza miles de agro-productores que cifraron sus esperanzas en este nuevo proyecto. Resulta que hasta ahora YPFB no compra la producción comprometida y los cañeros acumulan su producción. La producción excedente se destina para producir el alcohol anhidro, que es utilizado en la producción del combustible Súper Etanol 92, en el marco de un acuerdo con el gobierno para comprar 48 millones de litros, pero hasta ahora no se ha cumplido ni el 40% de lo prometido.

Por otra parte, los que utilizaron el combustible supuestamente enriquecido y más caro han quedado decepcionados, de manera que el futuro de este experimento es presuntamente incierto, lo que obliga a preguntar si se han efectuado los estudios de factibilidad necesarios, considerando la real utilidad de los biocombustibles y de la conveniencia de su introducción al mercado nacional. En otros países, el alcohol anhidro solamente sirve de mezcla para disminuir de alguna manera el uso de la gasolina tradicional.