Cacería policial

Dr. DAEN. Waldo Torres Armas

Circula en las redes sociales una grabación en la que el mando policial se “dispone a ejercer”, otra vez, el rol de “comisario político”. Ahora, quiere evitar las manifestaciones de opiniones respecto al 21F, el Comandante de la Policía está presto a la exaltación de su obsecuencia política vulnerando la libertad de expresión en las redes sociales, con acciones represivas que recuerdan a otros tiempos de terror. Así, leales al régimen y no al Estado, contaminan una vez más su misión constitucional de defensa de la sociedad.

La libertad de expresión es un Derecho Fundamental otorgado por la Constitución que debe gozar de la máxima protección jurídica ante los jueces y tribunales del país y como tal, no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa, ni posterior. No es legítimo impedir la expresión de ninguna idea, cualquiera que sea su contenido, forma de expresión y medio empleado. Esta libertad solo tiene como límite el respeto a los otros derechos fundamentales con los que pueda llegar a colisionar y si el propósito no es el “desorden público”, las protestas ciudadanas vía redes son políticamente correctas, lícitas y no lesionan derechos de terceros. Las protestas en las redes en defensa del 21F no enaltecen el desorden público, como lo interpreta el régimen; es el ejercicio del derecho a la libertad de expresión, parte del reconocimiento universal de que tal libertad está grabada en el código genético del Estado democrático, es el medio insustituible del sistema de libertades públicas y es el único medio del ciudadano para pedir cuentas al poder político en protección del interés público.

¿Qué es de interés público? detectar y exponer la conducta antisocial de quienes en el ejercicio de servidores públicos cometen delitos, corrupción de por medio e influencia en razón del cargo para beneficio de sus personas.

Sin libertad de expresión el resto de los derechos no son eficaces. La protesta cívica es el único medio para convertir al poder en una categoría humana, racional y sujeta a límites legales.

La inconducta policial como “cazadores” de la opinión pública, como “barredores de la libertad de expresión” es ajeno a su función pública y es motivo de repudio general, porque solo responde a un interés cínico y sinvergüenza del mando policial al servicio del rédito electoral del régimen, es una bajeza moral.

El dignatario Morales que se considera a sí mismo intachable, impoluto, indigno de señalamientos o críticas, recibe ahora el hostigamiento que se disfraza, según él, de “desorden público” en las redes.

Al verse enfrentado públicamente a sus contradicciones, a sus manipulaciones, a sus ambiciones, a sus incumplimientos, tiene miedo de perder su influencia, privilegios e impunidad.

Sin el contrapoder del soberano, la libertad, la democracia, la decencia, son imposibles los demás derechos fundamentales de las personas.

La buena noticia es que los ciudadanos rompieron el silencio y el temor, ya tomaron una decisión: quieren un cambio, quieren derrotar a un sistema que pone en peligro la vigencia y consolidación de la democracia, el pueblo quiere recuperar los Poderes Públicos, secuestrados por el régimen, para que sirvan al Estado, a la sociedad, al intereses plural en contra de la corrupción, nepotismo, negociados, represiones y encarcelamiento de personas que disienten, tiene pensamientos e ideas contrarias al régimen de intolerancia y para esto utilizan las redes.