Compromisos internacionales

Para nadie es desconocido que el presidente Evo Morales ha pasado los más de 12 años de gobierno viajando por todo el territorio nacional y por el mundo, en algunos casos por ser necesaria su presencia en entrega de obras, en reuniones internacionales o eventos que requerían la presencia de las más altas autoridades del país. En los hechos, todos los gobernantes del mundo, cuando deben firmar tratados o su asistencia es requerida, realizan viajes ocasionales, extraordinarios, que son considerados de trascendencia tanto para las relaciones bilaterales como para viabilizar acuerdos multinacionales.

Un ejemplo ha sido la cumbre de París que definió el compromiso de la mayoría de los países del planeta de sumarse a la protección ambiental. Pero estas citas trascendentales, tienen una preparación previa de diplomáticos, profesionales especializados en diversas ramas y políticos internacionalistas, ya que las relaciones entre Estados obligan a un constante vínculo y a procesos de negociaciones sobre múltiples problemas que conciernen a regiones y hasta a todos los países, así como a temas estrictamente binacionales.

Todos estos casos son armonizados, redactados, corregidos y acordados por misiones técnicas que preparan los acuerdos y convenios, mismos que son refrendados por las autoridades legítimamente designadas por los Estados para representarlos, es decir, las Cancillerías, los Embajadores y en algunos casos ministros. Precisamente las embajadas son las encargadas de representar a su país, y ejecutar las políticas de relaciones exteriores que las Cancillerías diseñan.

Pero en nuestro país parece que las cosas se hacen a la inversa, los presidentes viajan a iniciar y explorar acuerdos. ¿Será que el gobierno no confía en su cancillería ni en sus embajadores, menos en sus ministros? Hace algún tiempo se publicó el dato de que apenas el 13,5% de los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia eran diplomáticos de carrera, pese a que la diplomacia es la columna vertebral de la relación entre los Estados, tanto para mantener una imagen digna del país, como para desarrollar buenas relaciones.

Si se logra esa relación armoniosa es posible lograr objetivos concretos mediante el aprovechamiento oportuno de la cooperación bilateral e internacional. Pero esto solamente es posible con un servicio exterior altamente capacitado y dignificado, lo que significa que los representantes del país deben ser idóneos.

Existe un conjunto de acuerdos, reglas y métodos que permiten a un Estado instrumentar sus relaciones con otros sujetos del derecho internacional, con el doble objetivo de promover la paz y cultivar una mentalidad universal fomentando la cooperación en los más diversos campos, y quienes instrumentan esas posibilidades tienen que ser diplomáticos de carrera y especialistas.

La diplomacia puede ser un factor decisivo para el logro de metas, así como la improvisación o imprudencia puede crear un ambiente hostil, en unos casos, o de menosprecio en otros. Lamentablemente, tenemos que reiterar que Bolivia no se ha caracterizado nunca por tener un servicio exterior profesional y dignificado, salvo honrosas excepciones. La politiquería ha hecho del servicio exterior un botín de puestos públicos. La política exterior de un país debe responder a objetivos concretos en los que el interés nacional enmarque tanto la coyuntura como las secuencias históricas.

En ese entendido, las relaciones internacionales adquieren cada vez mayor complejidad, por lo que cada vez se requiere mayor especialización. Queda la esperanza de que en el caso de los acuerdos que el presidente Morales negocia actualmente en Rusia, haya existido una armonización especializada previa ya que, por la conferencia de prensa que ofreció el presidente en Moscú, Rusia participará en proyectos de litio, del ferrocarril interoceánico y en otros, pese a que algunos de ellos ya están comprometidos con países europeos, por lo menos ese fue el anuncio que se hizo.