Contradicciones

En Bolivia, a excepción de la soya, está prohibida por ley la producción e importación de alimentos genéticamente modificados, sin embargo la población está expuesta al consumo de productos transgénicos que ingresan al país a través de la importación legal o el contrabando. Las políticas de Estado no parecen responder a estudios que justifiquen su factibilidad, especialmente en la capacidad para cumplir obligaciones y compromisos adquiridos. Muchas veces se toman decisiones contradictorias difíciles se salvar.

Es el caso de la decisión de garantizar la seguridad alimentaria y al mismo adoptar impedimentos, prohibiciones y amenazas a las inversiones, y a la producción agropecuaria en general, que hacen cuesta arriba sostener un proyecto, ya que a las trabas de los organismos sectoriales se suman los fenómenos naturales agravados por el cambio climático.

Eso hace cada vez más difícil sostener una precaria competitividad. El sector agroindustrial, merece consideración porque procesa y agrega valor a la producción agropecuaria. El desafío al que se enfrenta el sector agroindustrial es asegurar el suministro de los productos en las cantidades, calidad, precio y fechas de entrega para ser competitivo con los productos importados. Lamentablemente, en nuestro medio se dan situaciones perjudiciales que van desde paros y bloqueos hasta un excesivo número de feriados, además de impedimentos a las exportaciones.

El ingreso a territorio nacional de productos alimenticios de contrabando se ha incrementado. En los países vecinos se abarataron los costos como consecuencia reestructuraciones monetarias e incentivos a la producción. Según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), basados en el INE, Bolivia importó 36 tipos de fruta en 2017. Del total de frutas que se importó el año pasado, el 52% tiene como origen Chile, el 36% Argentina, el 6% Perú, el 5% Brasil y el 1% otros países.

En realidad productos de toda clase se venden en los mercados, desde locotos, con el nombre de rocotos del Perú, así como papa y verduras, pasando por maíz, arroz, conservas, licores y otros. El sector agroindustrial demandó con urgencia al Gobierno un conjunto de medidas de salvaguarda para proteger la industria nacional ante el creciente contrabando, y las adversas condiciones climáticas, situación que hace imposible competir. Recordemos que en la cumbre agropecuaria “Sembrando Bolivia”, se llegaron a algunos acuerdos dirigidos a impulsar la producción nacional destinada a garantizar la soberanía alimentaria del país, para lo cual se definió ampliar las áreas de cultivo, diversificar la producción e introducir tecnología de punta junto a capitales frescos.

Aunque todavía había resistencia al empleo de transgénicos, se logró abrir la discusión del tema, y hasta el propio presidente Evo Morales se mostró partidario del debate. Lamentablemente hasta ahora poco se avanzó en el tema mientras los fenómenos naturales afectan anualmente en promedio a por lo menos 130 municipios. Esta situación deja a los grandes y pequeños productores de alimentos en una difícil situación, pues deben enfrentar importantes pérdidas. Pero el problema va más allá porque es la población la que sufrirá los efectos con escasez y alza de precios.

En Bolivia, a excepción de la soya, está prohibida por ley la producción e importación de alimentos genéticamente modificados, sin embargo la población está expuesta al consumo de productos transgénicos que ingresan al país a través de la importación legal o el contrabando. Este despropósito choca con elementales conceptos de racionalidad, ya que se prohíbe producir en el país pero se importa productos genéticamente modificados.

Es necesario comprender que con esta política se paga el valor agregado a los países vecinos por productos que podrían lograrse en Bolivia, beneficiando al agro, a la población en general y ahorrando divisas al Estado. La producción de orgánicos debe ser fomentada y premiada, pero el extremo de prohibir la producción de organismos modificados mediante ingeniería genética y permitir su importación, es un contrasentido.