Crece el gasto corriente

El Banco Interamericano de Desarrollo hizo una advertencia sobre el excesivo gasto público regional. Considera que cada año la ineficiencia de los Gobiernos de América Latina y el Caribe genera un despilfarro total de 220 mil millones de dólares. Semejante millonada seguramente podría solucionar las carencias de la población en salud, educación y servicios básicos. En el caso de Bolivia, para nadie es un secreto que el gasto corriente es excesivo y forma parte del clientelismo en desmedro de la atención a las necesidades de la población.

Lo grave de esta situación radica en que la mayoría de los gobiernos son conscientes de la necesidad de invertir en proyectos productivos, pero caen en la tentación de caer bien ante los electores. Las evidencias de estos extremos son muchas, y precisamente el BID ha publicado un estudio de más de 400 páginas en el que analiza los presupuestos de los países de la región. El estudio identifica tres grandes fuentes de ineficiencia en todos los países de Latinoamérica y el Caribe, entre ellos, las compras públicas, transferencias monetarias a los ciudadanos, y los salarios públicos -los sueldos de los funcionarios representan un porcentaje mayor del presupuesto público total en América Latina y el Caribe (29%).

Según el estudio, la región hs. seguido el camino menos recomendable en la composición de su gasto público. En las tres últimas décadas, han optado por incrementar el gasto corriente -fundamentalmente, gasto social y sueldos y salarios- en detrimento de la inversión, uno de los principales determinantes del crecimiento futuro de un país y, por ende, de la calidad de vida de sus ciudadanos.

Otro sector en el que la evidencia indica que no siempre se toman las mejores decisiones de gasto es el de la educación. Es frecuente que los gobiernos detecten escasez de titulados universitarios y decidan invertir en este nivel. Sin embargo, si los que vienen antes no han sido reforzados, sirve de poco, especialmente para las clases más desfavorecidas, que reciben mucho mayor retorno cuando se potencian las primeras etapas educativas.

“Los latinoamericanos podrían tener acceso a más y mejor educación, servicios de salud, seguridad e infraestructura si sus gobiernos utilizaran los recursos existentes como lo hacen los mejores países del mundo. Esto significa reducir la criminalidad, obtener mejores resultados en el aprovechamiento educativo, aumentar la esperanza de vida, y proporcionar más servicios de infraestructura”, subraya el presidente del BID, Luis Alberto Moreno.

En nuestro país se confirman estos aciertos del BID. La ineficiencia hace que se hayan desarrollado muchos proyectos que no cumplen con las exigencias elementales de necesidad, costos y oportunidad. A ello se suma el excesivo gasto corriente que obedece más al compromiso político que a los requerimientos objetivos.