Desviaciones de la política

Con altibajos, errores y aciertos, asonadas y soluciones, tropiezos y enmiendas, los ciudadanos, los políticos y las instituciones han protegido el proceso democrático durante los últimos 36 años, cuando los civiles asumieron el poder después de la prolongada noche de los cuartelazos. Fue en octubre de 1982 que los miliares dejaron el poder. Ha sido un lapso de esfuerzo en la construcción democrática basada en el respeto a Constitución Política del Estado, las normas legales y la búsqueda de soluciones para los desencuentros. No han faltado los excesos, la violencia, el abuso del poder y la fuerza, así como las salidas concertadas.

Las ambiciones personales y los intereses sectarios han puesto en difícil trance al país en varias oportunidades, pero el pueblo ha sabido salir adelante. La vocación democrática de la ciudadanía, el anhelo de vivir en libertad, paz y armonía, edificando el bienestar y el futuro han podido más que los vaivenes y las torcidas intenciones que han intentado desviar el camino democrático.

Lamentablemente después de un trabajo sacrificado durante más de tres décadas, el proceso democrático de Bolivia continúa en construcción y no ha podido ser consolidado, y se notan algunos retrocesos. Ocasionalmente surgen intentonas absolutistas reñidas con las convicciones de libertad de los bolivianos. De hecho, inclusive algunos que se dicen defensores de la democracia, con sus acciones irreflexivas llevan más caudal a las corrientes que atentan contra los principios democráticos.

Pareciera que se han olvidado las penurias, los padecimientos de la ciudadanía, los atropellos a las libertades con los que los regímenes dictatoriales sometieron al pueblo durante décadas. El exilio de miles de bolivianos, la cárcel y los campos de concentración han quedado en la historia como un mal sueño, pero parece que muy poco ha aportado a la conciencia de algunos políticos que hacen todo lo posible por debilitar las bases de la democracia, que tanto dolor, luto y sacrificio costó al pueblo boliviano.

Es evidente que las condiciones de hoy no son las mismas del pasado y que es poco probable pensar en golpes de Estado al estilo de hace tres décadas, pero lo cierto es que existen otros riesgos para la democracia, como las tentaciones totalitarias.

Analistas y politólogos especulan sobre las diversas formas cómo las circunstancias cambian a los políticos que, desde el llano proclaman la democracia, pero apenas saborean la panacea del poder, se inclinan con actitudes irreflexivas que comprometen objetivos, desalientan los ánimos partidarios y las más de las veces frustran esperanzas.