El abastecimiento de gas

El Gobierno está optimista por contar con las reservas de gas natural suficientes para el consumo interno y las exportaciones hasta el año 2035. Según las autoridades del sector existen reservas suficientes para garantizar los compromisos de exportación y sostener la demanda interna, aunque expertos en la materia tienen dudas frente a evidencias preocupantes, como la disminución de la producción y la pérdida paulatina de mercados, además de otros factores que enrarecen las perspectivas sectoriales.

Recordemos que los mercados de Argentina y Brasil han sido los que generaron el mayor ingreso de divisas de la historia nacional, hecho que posibilitó aprovechar el potencial para estimular el uso interno y reemplazar a los carburantes tradicionales. Empero, debido a una serie de factores, internos y externos, que han modificado la oferta y la demanda, las condiciones actuales son diferentes a los de la última década. Argentina está ya produciendo grandes volúmenes de gas de esquisto (shale gas) y comenzó a exportar a Chile. El contrato con Brasil concluye el próximo año y no se renovará en las condiciones actuales. Se anunció que se tendrá que negociar nuevos contratos directamente con los comercializadores de diferentes Estados.

Ahora se anuncia que el Gobierno argentino desistió de terminar la construcción del Gasoducto del Nordeste (GNEA) de ese país que iba a servir para recibir mayores volúmenes de gas natural desde Bolivia, como parte del contrato suscrito entre ambas naciones. La determinación de frenar el proyecto fue adoptada por el gobierno del vecino país argumentando que durante más de una década el Estado desembolsó casi $us 2.300 millones, el doble de su presupuesto original, a través de licitaciones en las que la Sindicatura General de la Nación (Sigen) identificó “vicios” que irían desde la “falta de planificación” a “licitaciones amañadas y sobreprecios”, según el diario Clarín.

La decisión descarta de hecho a Bolivia como proveedora a futuro de los 27 millones de metros cúbicos diarios de gas (MMm3/día) comprometidos en un contrato que vence en 2026 y que algunos especialistas reivindican como “el más barato”, según la misma publicación.

Hugo del Granado Cossío, especialista en el tema, en un artículo advirtió que la “relación comercial Bolivia/Argentina referida al gas, ha cambiado en los últimos años. La posición boliviana se encuentra muy deteriorada debido a la imposibilidad continua y creciente, de entregar los volúmenes acordados y el torpe relacionamiento de las autoridades del sector con nuestro cliente”.

Del Granado señala que “el exministro argentino de Energía Aranguren dio a conocer el 2016 una comunicación de su homólogo boliviano que señalaba la imposibilidad de cumplir con los volúmenes comprometidos, lo que obligó a Argentina a importar gas de Chile”. El especialista considera el tratamiento que dio el Ministro de Hidrocarburos al pedido argentino de ampliar los volúmenes para el invierno pasado fue torpe, negativo y extemporáneo. Pocos días después, se recibió la noticia del desistimiento argentino de la construcción del GNEA.

El ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, continúa defendiendo el contrato con Argentina que se prolonga hasta 2026 con nominaciones anuales. Explicó que con la certificación de reservas “tranquilamente podemos cumplir todos estos compromisos, como lo venimos haciendo hasta la fecha”. YPFB efectuó importantes inversiones en capacidad de producción, instalaciones y en el gasoducto Juana Azurduy que tiene capacidad de transporte de casi 30 MMm3/día de gas.

Todos estos antecedentes deben hacer meditar a las autoridades, ya que parece que es necesario rectificar las poses que se adoptan sobre la capacidad de producción nacional de hidrocarburos, para acomodarse a la realidad, que evidentemente no puede descuidar negociaciones con Brasil y Argentina, en condiciones que el país pueda cumplir sin afectar la atención prioritaria del creciente consumo interno. Hay una responsabilidad nacional para atender los requerimientos nacionales, desde el momento en que se comenzó a inducir el cambio de la matriz energética, que como política alentó el uso del gas natural para la industria, la red de instalaciones domiciliarias y el gas vehicular.