El desafío de Irán ante un separatismo árabe radicalizado

Marina Villén

Los movimientos separatistas árabes llevan activos desde hace décadas en Irán, pero la magnitud del reciente atentado en la ciudad de Ahvaz y su probable conexión con grupos yihadistas plantean un nuevo desafío a la nación persa.

El ataque terrorista contra un desfile militar, que causó la muerte el sábado a 24 soldados y civiles y heridas a más de 60, fue reivindicado tanto por el grupo separatista árabe Alahvazié como por el Estado Islámico (EI).

En un principio, las autoridades iraníes descartaron la autoría del EI, que ya cometió un mortífero doble atentado en Teherán en junio pasado, y privilegiaron la pista separatista, pero esta tesis ha ido matizándose según pasaban los días.

El portavoz del EI, Abu Hasan al Muhayir, insistió ayer en su implicación en el ataque, en el que cinco extremistas abrieron fuego contra el desfile, y amenazó de nuevo a Irán: “Lo que viene en el futuro será mucho peor”, aseveró.

Antes de este mensaje, el Ministerio de Inteligencia iraní ya había avanzado que el atentado fue cometido por cinco elementos “afiliados a grupos separatistas takfiri (radicales suníes) patrocinados por países reaccionarios árabes”.

El líder supremo, Ali Jameneí, denunció también que los terroristas estaban “financiados por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos” y que son “las mismas personas que, cuando están atrapadas en Siria o Irak, EEUU viene a salvarlas”.

Aunque las declaraciones de los gobernantes han sido poco precisas, la idea de que estos grupos separatistas árabes puedan tener vínculos con el yihadismo internacional empieza a cobrar fuerza, ya que hasta ahora habían seguido otros métodos y perpetrado ataques con bombas de menor envergadura.

Según el analista iraní Mohamadreza Moradí, experto en grupos separatistas y seguridad en Oriente Medio, aunque el movimiento Alahvazié sea el autor material de la masacre “puede tener detrás a Daésh (acrónimo en árabe del EI) o Al Qaeda”.

“Daésh puede haber sido un factor de apoyo o al menos haber actuado en el sector de inteligencia de Alahvazié”, dijo a Efe Moradí, quien apuntó además que separatistas iraníes habrían recibido entrenamiento militar en Siria por parte del EI y la exfilial de Al Qaeda.

En su opinión, el atentado de Ahvaz sigue “los objetivos que el EI tiene en Irán”, que son crear inseguridad en el país y mostrar su vulnerabilidad al atacar lugares emblemáticos, como fue en junio de 2017 el Parlamento y el mausoleo del imán Jomeiní.

Alahvazié es el nombre general con el que las autoridades iraníes designan a los separatistas que buscan derrocar al régimen de Teherán y “liberar” las zonas de mayoría árabe del país persa, como la provincia de Juzestán, cuya capital es Ahvaz.

Sin embargo, existen distintos movimientos, dos de los cuales se desvincularon del atentado. Uno de ellos, el Movimiento de Lucha Árabe para la Liberación de Ahvaz, aseguró en un comunicado que el grupo separatista que lo reivindicó fue expulsado de la organización en 2015.

La autoría fue asumida por un portavoz del conocido como Resistencia Nacional de Ahvaz, que afirma estar ligado al citado movimiento. Sus bases están fuera del país, pero lo que genera dudas es si cuentan con respaldo popular en el interior de Irán.

Moradí señaló que ese grupo tiene “un cuerpo takfiri complementario apoyado por Arabia Saudí y sus actividades legales están en Europa”, pero cuenta con poco respaldo popular en Juzestán.

El analista subrayó que en esa provincia, rica en petróleo pero con altos índices de pobreza, ha habido protestas por la mala situación económica, al igual que en otras partes de Irán, pero que esos manifestantes “no han hablado con el lenguaje de las armas”.

En la misma línea, el diputado de Juzestán, Yavad Kazem Albayí, insistió esta semana en que esos grupos violentos “no tienen un lugar entre la población de la región”.

La realidad es que la población de Juzestán se mantuvo mayoritariamente leal al régimen islámico de Teherán durante la guerra con Irak (1980-1988), cuando Bagdad trató de anexionarse esa región alegando la liberación de los árabes del dominio persa.

Las autoridades iraníes han acusado directamente a Arabia Saudí y Emiratos de financiar y armar a Alahvazié, y a EEUU de apoyar a estos países con el objetivo de desestabilizar Irán, en una campaña que incluye instigar protestas populares contra el sistema.

También han amenazado con responder con firmeza al atentado y castigar a sus “autores intelectuales”, aunque parece improbable un ataque contra Riad o Abu Dabi, de consecuencias peligrosas.

La respuesta será “seguramente en Siria o en otros lugares donde están presentes los terroristas”, indicó Moradí, quien consideró necesaria una reacción porque “si no se neutralizan esos proyectos, Irán se enfrentará a grandes desafíos de seguridad”.