El poder político de las redes sociales

Las redes sociales adquieren cada vez mayor importancia en la vida cotidiana, y pese a haberse diseñado como medio de vinculación y entretenimiento personal, rápidamente ha pasado a convertirse en un poderoso e integrador método de relacionamiento y contacto en los sistemas de comunicación, además de crecer como fuente de información, orientación y participación activa e inmediata, entrando con fuerza en la política, en la defensa de los derechos y libertades, en la protección del medioambiente, en la denuncia de los excesos de poder, así como se está convirtiendo en un valioso auxiliar de la lucha contra la corrupción y la búsqueda de transparencia en la gestión pública.

La influencia que adquieren las redes sociales trasciende el ámbito social para convertirse en factor esencial de la participación de la gente en los hechos de la vida pública. Así como está presente en la relación social, la amenidad, y hasta en la superficialidad de muchos aspectos, también alcanza rigor en la investigación y especialmente en la comunicación. Por ello los políticos han volcado sus esfuerzos y su presencia en las redes sociales, aunque no siempre en beneficio comunicacional, sino para tratar de aprovechar sus ventajas, pero sin comprender sus verdaderos alcances.

Algunos políticos todavía no han comprendido el poder de las redes sociales y creen que pueden simplemente volcar información, propaganda, mentiras e insultos, contra sus adversarios. Parece que no se percataron que las redes sociales son un sistema de ida y vuelta, comunicación y participación. Para aprovechar adecuadamente, los políticos deben buscar el acercamiento con el ciudadano. Los usuarios querrán no solamente ver fotos o vídeos de un personaje, sino conocerlo y sentir al candidato, conocer su programa y escucharlo de su propia voz; tener la oportunidad de dialogar.

Hay ejemplos valiosos en las campañas presidenciales de Obama en el 2008 y Trump en el 2016, que alcanzaron inéditos rankings de participación, y en nuestro medio resulta llamativo el tratamiento de la relación íntima del presidente Evo Morales con la Zapata, que resultaron determinantes en la imagen del mandatario boliviano en el referendo de 2016. Los ataques a las redes y a los medios tradicionales de comunicación no hacen otra cosa que fortalecer el poder de los sistemas. Miles de personas reciben los mensajes y se reproducen por millones. Las cifras son astronómicas. Un trabajo de investigación publicado por Jamer Chica en su portal señala que Facebook en 2017, tuvo alrededor de 1.500 millones de usuarios en todo el mundo; YouTube cerca de 1.200 millones, Google con 420 millones, Instagram con 400 millones y Twitter y LinkedIn con 320 millones de usuarios cada uno; sin duda las redes engloban una gran audiencia que cualquier canal de televisión, radio, periódico o revista quisiera tener, convirtiéndose en una herramienta de marketing político muy potente y en continuo crecimiento.

La gente cada vez prefiere las redes sociales para alejarse de la comunicación unidireccional de los medios tradicionales. Los visitantes de las redes están inmersos ya en un enfoque más dinámico e interactivo, donde desaparece el modelo emisor-receptor para dar paso al lenguaje bidireccional en el cual cobra importancia y protagonismo el ciudadano. El uso de los nuevos medios digitales de comunicación, disponibles en el bolsillo de toda persona ha tenido una connotación directa en la forma como se comunica la sociedad actual.

Las redes sociales, bien utilizados, no solamente abren canales para la información, sino para el debate, para la participación y conversación directa, de manera que los políticos que quieran llegar a la gente tendrán que escuchar, responder y analizar (con educación y respeto) las voces opuestas que puedan surgir. En las redes digitales no sirven los arrebatos, rabietas ni las amenazas.