Entorno internacional adverso

Las normas, bases e indicadores financieros y de producción que rigen en el mundo parece que no tienen asidero en la economía boliviana, a la que no le afectan los sacudones planetarios ni la falta de ingresos o la caída de las exportaciones, y mucho menos el descenso de la producción interna de alimentos o gas natural, que se creía que eran base de la estabilidad del país. Efectivamente, la economía de cualquier país tambalearía si pierde más de 50% de su reserva monetaria, si los ingresos se reducen en un 40% y las demandas y necesidades crecen, pero nuestro país rompe todos los esquemas y pese a los problemas crece más que los países vecinos.

Por lo menos eso es lo que el gobierno afirma, desmintiendo las preocupaciones que expresan los especialistas señalando que se agotan las reservas de gas natural, que los ingresos por las ventas a Brasil y Argentina se ha reducido; que las importaciones crecen desmesuradamente mientras las exportaciones bajan y la producción general en el país se ha estancado. El pueblo boliviano debe estar muy confundido ante la andanada de información contradictoria que, por una parte, presenta un panorama desastroso y preocupante, y por otra se muestra a un país boyante donde no hay pobreza y los niños están cada vez mejor y hasta Turquía envidia nuestro sistema educativo.

El gobierno intenta tranquilizar a la población con optimistas informes entre los que se destaca que el país registró en 2018 la inflación más baja desde 2009, con el 1,51 %, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Por ejemplo, la semana pasada el Ministerio de Economía informó que la clase media en Bolivia subió a 62%, cifra que supera el 35% registrado en 2005. Alrededor de 7 millones de bolivianos se ubican en el estrato medio, con ingresos que les permite aumentar su capacidad para comprar alimentos, ropa y servicios, además de la posibilidad de ahorrar, remarcó el Ministerio de Economía en un boletín de prensa.

Algunos medios de comunicación rescataron una encuesta que realizó la Fundación Jubileo, sobre la base de los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), señalando que «el ingreso que cada persona necesita para dejar de ser extremadamente pobre en el país, y por tanto alimentarse con los requerimientos nutricionales mínimos, en el área urbana, es de 405 bolivianos al mes; y de 309 bolivianos al mes en el área rural». Pero el ministro de Finanzas cree que con 100 bolivianos la pasa bien una familia. Asimismo, el gobierno anticipa que el crecimiento del producto interno bruto para el presente año será del 4,5 % con una inflación del cuatro por ciento.

Los organismos internacionales no son tan optimistas y pese a que trabajan sobre la base de datos que ofrece el gobierno, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta un crecimiento económico del 4 % para Bolivia este año. El FMI también prevé que el indicador de precios al consumo en Bolivia cerrará este año en el 2,3 % y llegará al 3,6 % el próximo. El informe del organismo prevé, además, un déficit por cuenta corriente del 5,2 % para esta gestión y del 5,1 % para 2020.

Por su parte, el Banco Mundial en sus proyecciones globales, es decir que afectaran a todos en mayor o menos medida, advierte que el objetivo de eliminar la extrema pobreza está en riesgo. Plantea la necesidad de un uso más efectivo de los recursos del organismo que se destinan a la asistencia al desarrollo. La economía se desacelera y esa moderación golpea con mayor fuerza a los más pobres, según señala David Malpass, nuevo presidente del Banco Mundial, que advierte que se corre el riesgo que se produzca una concentración aún mayor de la extrema pobreza en los países pobres, y eso impedirá cumplir el objetivo de eliminar la pobreza para el año 2030.

El organismo calcula que la economía mundial creció un 2,7% en el cuarto trimestre de 2018, frente a un 3,3% en el primer trimestre de ese año. La moderación en el crecimiento mundial coincide con tres señales de alarma: se están aminorando las reformas estructurales en las grandes economías; se advierte estrés financiero en algunas grandes economías y vuelve la incertidumbre política. Pero las previsiones y preocupación de los organismos internacionales parecen huecas frente a la situación boliviana, que para el gobierno tiene alentadoras perspectivas, mientras el resto del planeta adopta medidas preventivas para evitar un colapso. Las proyecciones de organismos internacionales no son catastróficas, pero responsablemente, debería adoptarse previsiones frente a las perspectivas económicas globales, ya que el Fondo Monetario Internacional bajó la estimación de crecimiento para Bolivia para este 2019, de 4,2 por ciento a 4 por ciento, mientras que para el 2020 reduce a 3,8 por ciento, debido al entorno internacional adverso.