Hacia una Policía al servicio del pueblo

Parece que soplan positivos vientos de cambio en la Policía, y esta vez ojalá estimulen la esperanza de que por fin se alcance la deseada depuración y se logre reencauzar a la institución en el marco de sus altos deberes y responsabilidades, dejando atrás una triste experiencia en la que deficientes gestiones torcieron rumbos, politizando a un organismo que, por su naturaleza, debe responder al mandato de la Constitución Política del Estado y las leyes. Recordemos que como institución fundamental la Policía tiene que cumplir funciones de carácter público, esencialmente preventivas y de auxilio.

Después de una situación crítica, que hizo quedar muy mal a la institución, por una serie de irregularidades, el gobierno ha determinado sorpresivos ajustes con la repentina sustitución -a cuatro meses de su nombramiento-, del máximo comandante, designando en su lugar a un general que, de acuerdo a informes públicos, ha sido considerado entre los mejor calificados de la Policía, e inmediatamente se ha designado a un nuevo alto mando policial.

El general Yuri Vladimir Calderón Mariscal asumió funciones de comandante nacional y luego posesionó a los generales Eduardo Rivera y Jhonny Coronel como subcomandante de esa institución e inspector general, respectivamente, en un acto donde el Ministro de Gobierno reiteró la necesidad de una depuración institucional. El ministro Carlos Romero, de acuerdo a informes de los medios de comunicación, pidió a los nuevos jefes policiales comprometerse y defender la institución, «de los malos elementos que pisotean el uniforme».

Anunció que en una reunión con el nuevo comandante se decidió realizar un trabajo de evaluación a nivel nacional para desarrollar los ajustes que sean necesarios. Un hecho que sin duda era necesario que se clarifique tiene que ver con la injerencia política. El ministro aseguró que el Gobierno no se entrometerá en las designaciones ni en los cambios de destino, e inclusive dijo que, si algún diputado, dirigente social, militante del MAS o alguien que diga ser su familiar se presenta buscando favorecimientos, debe ser arrestado.

Indudablemente, devolver a la Policía su labor esencial redundará en beneficio de la comunidad nacional. Las normas legales señalan que las funciones de la Policía se fundan en los valores sociales de seguridad, paz, justicia y deben preservar el ordenamiento jurídico, y en forma regular y continua asegurar el normal desenvolvimiento de todas las actividades de la sociedad. Entre sus responsabilidades esenciales está conservar el orden público, cumplir y ejecutar las órdenes del Gobierno y de las autoridades competentes, con arreglo a la Constitución y las leyes. Hacer cumplir y ejecutar las órdenes que emanen del Poder Judicial y Tribunales competentes. Resguardar las garantías sociales, la vida, la seguridad, el honor y los bienes de los habitantes. Todo policía tiene la obligación de saber que los derechos de cada persona están limitados por los derechos de los demás, por la seguridad de todos y por las justas exigencias del bienestar general.

La reestructuración de la Policía ha sido un clamor general, pues se trata de un organismo que debe proteger a la ciudadanía. Evidentemente requiere una profunda reingeniería que haga posible reformular sus bases mismas, dando paso a lograr una institución altamente calificada, tecnificada, científicamente preparada y éticamente confiable. Ya no se puede seguir improvisando. Es necesario salvar a la Policía depurando sus cuadros y dándole la jerarquía, autonomía funcional, preservándola de la intromisión política partidista y devolviendo su función como una institución a servicio del pueblo.