Incorporación de alcohol anhidro a la gasolina

Cuando por evitar un peligro se encuentra otro mal de mayor magnitud, se dice que se «saltó de la sartén para caer en las brasas», para significar que, a veces, por evitar una situación desagradable o un riesgo, acabamos por toparnos con otra desgracia. Se trata de una paradoja que refleja que algunas veces va peor cuando tratamos de zafarnos de situaciones incómodas sin meditar en las consecuencias. Esta reflexión surge de contradicciones entre el anuncio del Gobierno sobre la incorporación de alcohol anhidro a la gasolina para el autotransporte y las consecuencias operativas y económicas de esta decisión.

El Ministerio de Hidrocarburos confirmó la puesta en el mercado, a partir de esta semana una nueva modalidad de combustible: gasolina mezclada en 8 por ciento con alcohol anhidro y con octanaje 85 y que costará 3,74 bolivianos el litro, es decir, igual que lo que vale actualmente la gasolina especial. Además, se anunció el lanzamiento en próximos meses del Súper Etanol 97. Se trata de una decisión del Gobierno de «sustituir gradualmente la gasolina especial en todo el país», según se desprende de la resolución 42/19 del Ministerio de Hidrocarburos, que argumenta que se busca apuntar hacia los “combustibles verdes”, pese a que hace poco se garantizaba que la gasolina especial no desaparecería.

El ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, explicó que la introducción de este aditivo a la gasolina es un paso muy importante para la disminución de la subvención estatal, lo que implica un ahorro económico al Estado y se da un nuevo paso en el cambio de la matriz energética. Pero por lo menos tres expertos en la materia observaron una serie de consecuencias negativas en la aplicación de esta mezcla. Uno de ellos, el Ing. Hugo del Granado Cossío considera que la decisión de sustituir la gasolina especial e imponer al consumidor comprar la nueva gasolina conllevará varios problemas técnicos, económicos y operativos. Señala que «la razón para introducir esta gasolina se debe a la baja producción del petróleo, bajo nivel operativo de las refinerías, escasez de gasolina, mayor volumen de importación, y por tanto, para compensar y paliar esa demanda se ha decidido sustituirla con alcohol (…) El excesivo alcohol disponible hace que se haya pensado en cambiar la gasolina con el añadido de alcohol y así utilizar esos excedentes y cumplir con los compromisos con los cañeros», afirmó.

Anticipó que un problema inmediato será el funcionamiento porque no todos los autos están habilitados para funcionar con «blending» de gasolina de alcohol. También rebatió la versión del Gobierno que afirma que mezclando la gasolina con alcohol bajará la subvención por la baja en la importación de aditivos. «El problema es que el alcohol que se compra de los cañeros es más caro que la gasolina, y puede haber un problema económico de subvención porque en lugar de producir una gasolina que se venda a 3.74 se estaría produciendo una gasolina de mayor valor por el precio del alcohol que se está comprando a los cañeros y se va a vender al mismo precio al consumidor; es decir, que subirá el monto de la subvención», observó Hugo del Granado. El especialista también advirtió problemas operativos como el hecho que YPFB no cuenta con tanques para mezcla homogénea del combustible. «La mezcla que se está haciendo tanto de la gasolina para el etanol 92, como para la gasolina que entrará en el mercado no tiene la infraestructura para hacer un correcto ‘blending’, o sea la mezcla homogénea de gasolina con alcohol» señaló.

Para tranquilidad del transporte automotor, el presidente de YPFB, Óscar Barriga, explicó que la introducción de la nueva gasolina deriva de hace más de dos años de trabajo técnico que ha pasado por laboratorio, pruebas piloto en el parque automotor, hasta llegar a mejorar la calidad del combustible sin tocar el precio al consumidor final. Ojalá que así sea y no vayamos a encontrarnos con un mal peor.