Las relaciones con Estados Unidos

Las diferencias entre los gobiernos de Bolivia y Estados Unidos se ahondan en lugar de encontrar un equilibrio de mutuo respeto y amistosa relación. La animosidad que se estableció desde 2006 no ha podido atenuarse y contrariamente, ha encontrado motivos para profundizar las distancias, atizadas por contradicciones ideológicas y desencuentros en la manera de ver y valorar los acontecimientos. Ahora, una iniciativa parlamentaria que puso en consideración del Senado norteamericano una resolución que “apoya los principios y estándares democráticos en Bolivia y en toda América Latina”, generó reacciones enérgicas del gobierno del MAS, que considera una intromisión inaceptable en los asuntos internos de un país.

El vicepresidente Álvaro García Linera, rechazó de manera «categórica y contundente» la iniciativa que en el fondo observa la posibilidad de reelección indefinida del presidente Evo Morales. «Como país soberano rechazamos esta nueva intromisión, no es la primera vez que buscan entrometerse en asuntos internos de Bolivia. Deberían preocuparse (de su país) y dedicarle tiempo, y dejar de entrometerse, que nosotros sabemos cómo resolver nuestros problemas», dijo García Linera.

La propuesta presentada por el legislador Robert Menéndez a la Comisión de Relaciones Exteriores, está en el Senado de Estados Unidos para su análisis. Se trata de una iniciativa de los senadores del Partido Demócrata, Bob Menéndez y Dick Durbin, además del republicano Ted Cruz, que presentaron el 31 de enero pasado el proyecto de resolución sobre Bolivia que pasó por la Comisión de Relaciones Exteriores y que ahora se trata en el pleno del Senado. El proyecto expresa preocupación por los «esfuerzos para eludir los límites del mandato presidencial en la constitución boliviana», y resalta la votación en el referéndum de 2016 como reflejo de la voluntad del pueblo boliviano.

Recordemos que, en noviembre de 2017, el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) habilitó a Morales para que se repostule a la Presidencia de Bolivia, pese a que en el referéndum que se celebró el 21 de febrero de 2016, el 51 por ciento de los bolivianos rechazó esa posibilidad. Recordemos también que hasta ahora han sido infructuosas las negociaciones dirigidas a normalizar las relaciones entre los dos países. Tanto anteriores cancilleres, así como el propio vicepresidente Álvaro García Linera, han entablado negociaciones directas. El segundo mandatario del país efectuó dos visitas a Washington el año 2006, y entregó al Gobierno de Estados Unidos dos propuestas dirigidas a mejorar las relaciones entre ambos países. García Linera, entonces argumentaba que lo central de su viaje era consolidar relaciones duraderas, de apoyo y respeto mutuo con EEUU en todos los ámbitos, como la lucha contra el narcotráfico, la pobreza y la corrupción, además del «apoyo a la institucionalidad democrática».

Lamentablemente, en forma simultánea a esos anuncios, ha seguido una serie de hechos, actitudes y declaraciones elevadas de tono, además de la expulsión del embajador norteamericano, la salida del país de los funcionarios de la DEA y la expulsión de USAID. Por otra parte, los esfuerzos por disminuir la coca ilegal han sido inocuos, y mediante observaciones satelitales se ha establecido que los cultivos de coca en Bolivia han crecido, y el incremento de incautación de droga no refleja otra cosa que el aumento de la producción y tráfico de alcaloides.

Probablemente la ideologización de las relaciones entre ambos países, con posturas anticapitalistas por una parte y hegemónicas por la otra, hayan sido las causas centrales que han perturbado todos los intentos por hacer más llevaderos los vínculos diplomáticos, dejando estériles hasta ahora los esfuerzos iniciados para la consideración de temas de mutuo interés. En realidad, la posición coyuntural actual de los gobiernos de ambos países hace que sea más dificultosa una buena relación. No son necesarios asuntos de gravedad para que surjan reacciones elevadas de tono. Cualquier contradicción o iniciativa sirve de pretexto para generar susceptibilidades y en algunos casos para exacerbar los ánimos de los políticos.