Los afectados por derrumbe en La Paz ajustan sus vidas al tamaño de una carpa

APG

Decenas de familias afectadas por un deslizamiento en La Paz no tienen más opción que ajustar sus vidas a las dimensiones de una carpa, un pequeño espacio que ha sustituido las que fueron sus casas, destruidas hace una semana.

El campamento de la cancha Fígaro, a pocos metros del derrumbe, se ha convertido en una mala réplica de lo que fue parte del barrio San Jorge de Kantutani antes del movimiento de tierra que afectó a más de 160 viviendas y dejó sin techo a alrededor de 580 personas.

Los habitáculos están habilitados para que en ellos quepan unas dieciséis personas, en algunos casos acogen a familias enteras y en otros a unas dos o tres dependiendo la cantidad de sus integrantes.

Propietarios e inquilinos, en algunos casos por primera vez están lado a lado y se dan apoyo en una situación que los ha hecho asemejarse.

«Se nos está acabando la paciencia, en una carpa estamos taqueados (agolpados)», dijo a Efe Nelly Luna, propietaria de una casa que literalmente desapareció, incluido el terreno en el que estaba construida.

Su vivienda era producto de «muchos años» de esfuerzo familiar de sus abuelos, padres y el suyo propio, manifestó derramando algunas lágrimas y con la voz entrecortada.

Los cientos de damnificados no tienen otro remedio que permanecer en el campamento todo el día a la espera de alguna reunión convocada por la Alcaldía o el Gobierno nacional, que han comprometido su apoyo para dotar de terrenos o departamentos a los afectados.

Algunas viviendas sociales se han comenzado a entregar en localidades vecinas como Mecapaca y El Alto, pero muchos siguen en carpas.

Unos tienen algunos días de tolerancia para volver a sus trabajos y permanecen en el lugar a la espera de alguna autorización para ingresar provisionalmente al sitio del derrumbe o a casas aún en pie para intentar rescatar alguna pertenencia.

Otros no tienen más remedio que pasar la noche en la casa de algún pariente y arriesgarse a dejar el campamento para trabajar con normalidad y mantener un ingreso fijo.

Además de buscar objetos, los más jóvenes se organizan para la búsqueda de sus mascotas, en su mayoría perros y gatos, que se cree escaparon del derrumbe o permanecen en casas que todavía están en peligro.

La convivencia entre personas y perros se refleja en las carpas al mediodía, cuando varios de sus integrantes van en busca de la comida de una gran olla común y las mascotas resguardan la entrada ladrando al extraño que se acerca demasiado.

Alejandra Paredes, una estudiante de gastronomía que apoya en el menú diario, aseguró a Efe que la tarea de alimentar a los damnificados es complicada, ya que las cocinas que se utilizan no cuentan con la potencia de fuego suficiente.

Este martes, pasadas las tres de la tarde, todavía no se había acabado de almorzar.

Uno de los afectados afirmó que en algunos casos abunda el fideo, pero son escasos otros alimentos, aunque la alimentación la controlan algunos nutricionistas voluntarios.

La ayuda de la población paceña ha sido incesante los días posteriores al derrumbe, pero en una pequeña cancha contigua al campamento hay montañas de zapatos, ropa y frazadas amontonadas sin distribuir, porque no queda espacio donde colocarlas.

Los baños son comunes, como también lo son la cocina y los puntos médicos habilitados para atender pequeñas molestias, pero nada se asemeja «a la propia casa», declaró Nelly Luna.

En el otro extremo del deslizamiento, donde pasó la peor parte, este martes se realizó una celebración religiosa por los cuatro desaparecidos, en la que se pidió que el rescate persista, dijo a Efe Tatiana, nieta de un par de ancianos que hasta ahora no han sido hallados.

El desprendimiento de tierra de hace una semana provocó que emerja una gran masa oscura a lo largo de unos 700 metros, que se cree es parte de un antiguo basurero sobre el que se edificó gran parte de las casas que se derrumbaron o que quedaron dañadas.

La zona afectada por el deslizamiento está a pocos kilómetros del centro de La Paz y se caracteriza por tener suelos inestables, producto de la topografía accidentada de la ciudad rodeada de montañas.

Las tareas de estabilización continúan con el trabajo de maquinaria pesada.