Mamá Julia, la más longeva de Bolivia cumple 118 años

EFE

Julia Flores Qolque, más conocida en Bolivia como Mamá Julia, está a punto de celebrar su cumpleaños 118 y a pesar de su pequeño cuerpo encorvado y su paso lento, sigue sonriendo, jugando con sus animales y de vez en cuando toca el charango.

La Alcaldía de Sacaba, la localidad boliviana donde vive la centenaria, pretende postular a Mamá Julia al récord Guinness para que sea reconocida como la más longeva no solo de Bolivia, sino de todo el mundo.

Mamá Julia vive en Sacaba, 18 kilómetros de distancia de la ciudad de Cochabamba, en una pequeña casa hecha de adobe con un jardín donde aún cultiva algunos productos y por donde andan dispersos sus nueve gatos, dos perros y tres pollos.

En la puerta de su casa hay una plaqueta de reconocimiento por su cumpleaños 117, que una empresa privada puso después de mejorar su baño y arreglar unas paredes de su hogar.

La centenaria nació el 26 de octubre de 1900, según su cédula de identidad, y nunca tuvo hijos ni esposo, porque no era su destino y desde pequeña fue independiente, le gustaba hacer “cosas de hombres” para ese tiempo, como cortar leña, y alguna vez trabajó de peón en una hacienda, contó Agustina Berna, sobrina-nieta de Julia.

Berna y dos de sus hijos viven con Mamá Julia, aunque hoy su casa está llena de otros familiares que acomodan la leña y las ollas en el jardín para preparar la comida que servirán este viernes para festejar el cumpleaños de la centenaria.

Según Berna, que habla solamente en quechua, al igual que Mamá Julia, a la centenaria le gusta comer sobre todo chuño (un tubérculo deshidratado), patata, maíz cocido, laguas (sopa espesa de maíz) y carne.

Usualmente no consume fideo o arroz y su más grande tentación son la Coca-Cola, los dulces y los pasteles.

Berna expresó que Mamá Julia siempre está comiendo algo cuando está en el jardín de su casa acariciando a sus animales y muchas veces comparte sus alimentos con los gatos y los pollos.

Mamá Julia es como un roble, es fuerte, no padece de ninguna enfermedad, aunque por su avanzada edad le es difícil escuchar, ver y caminar sin ayuda, acotó Berna.

A pesar de ello, a esta mujer le gusta estar activa y salir a recibir a sus visitas, regalarles una sonrisa y demostrar sus habilidades con el charango, un instrumento de cuerda andino, similar a una pequeña guitarra.

De vez en cuando empieza a hablar y entre balbuceos cuenta que ha visto crecer a muchos de sus sobrinos y son “buenos chicos”, haciendo referencia a los hijos de Berna.

No se olvida de rezar antes de las comidas y Berna cree que por eso se mantiene tan lúcida a esta edad.

La sobrina-nieta agrega que en los cuarenta años que vive con Mamá Julia siempre la vio feliz y sonriendo y en la mayoría de ese tiempo no la vio llorar.

Sin embargo, estos últimos años a veces la encuentra sollozando en la cama preguntándose por qué tiene que vivir tantos años.

A Mamá Julia no le gusta depender de los demás, pero ahora no puede hacer nada sin recibir la ayuda de sus familiares y es eso lo que le pone triste, según Berna.

¿Cuál es el secreto para vivir casi 118 años? Nadie tiene la respuesta, pero Berna cree que tiene que ver con el buen sentido de humor con el que vive la centenaria, aunque a su entender también influye el hecho de no tener hijos ni esposo.

En el pequeño cuarto de Mamá Julia hay otras dos camas y allí duermen también Berna y uno de sus sobrinos que llegó de la ciudad.

En una de las paredes tiene colgada una fotografía de ella más joven, al lado de otra de sus sobrinas-nietas, y guarda imágenes de la fiesta de su cumpleaños número 100, sus más grandes tesoros.

Según el Grupo de Investigación en Gerontología (GRG en sus siglas en inglés), la persona más longeva era la japonesa Nabi Tajima con 117 años, quien ostentaba ese récord Guinness pero falleció en abril de este año.

Sin embargo, el caso de Julia Flores no está registrado por esta entidad, según la cual en total viven 36 personas en el mundo mayores a 112 años, de las cuales 34 son mujeres.