Mesa pide aceptar fallo y encarar con nuevos interlocutores relación con Chile

APG

El expresidente y vocero de la demanda marítima, Carlos Mesa, pidió ayer aceptar el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, que estableció que Chile no tiene la obligación de negociar con Bolivia un acceso soberano al Océano Pacífico, y sugirió encarar una nueva etapa de la relación bilateral con “nuevos interlocutores”.

El expresidente (2003-2005) advirtió ayer de que la corte de La Haya temió agitar el “avispero” internacional si daba la razón a Bolivia en su demanda marítima contra Chile, por lo que optó por mantener el “statu quo”.

Mesa, portavoz de Bolivia en esta causa ante la Corte Internacional de Justicia, se refirió al fallo emitido el pasado lunes por este tribunal de Naciones Unidas, que determinó que Chile no está obligado legalmente a negociar sobre una salida soberana al Pacífico con su vecino.

En un vídeo difundido en Twitter, el exmandatario, un reconocido historiador y periodista, apuntó a que el tribunal con sede en La Haya (Países Bajos) prefirió no “mover el avispero del sistema internacional, que vive un momento de fragilidad muy significativo”.

Una sentencia a favor de Bolivia, agregó, hubiera dado a “pequeñas naciones, países emergentes, la posibilidad de exigir el cumplimiento jurídico de compromisos formales a naciones poderosas”.

El fallo favorable a su país hubiera conllevado “mayor problema” en esta “fragilidad internacional muy compleja”, sentenció.

A su juicio, la corte “actuó de manera conservadora”, para “mantener el statu quo”.

El vocero reconoció que la delegación boliviana, en la que participó el lunes en La Haya, generó para su país una “sobre-expectativa”, con una visión “excesivamente optimista”, por lo que Bolivia “sintió durísimamente un golpe que no esperaba”.

La demanda no era un litigio “tradicional” sobre límites entre dos países, sino que “marcaba la posibilidad de una transformación” en el Derecho Internacional, comentó.

Por ello, “iba a tener una aplicación de jurisprudencia universal”, añadió, y el tribunal se decantó por “garantizar la seguridad jurídica internacional” existente en vez de actuar de manera más “progresista”.

La decisión supone “un revés profundo, doloroso”, para Bolivia, pero en su opinión el “error de apreciación” de la delegación boliviana sobre la oportunidad de la demanda “no quita que el riesgo que asumió mereciera la pena” aunque el resultado fuera negativo.

En su opinión, tras esta derrota jurídica Bolivia debe encarar una nueva relación “remozada” con Chile, en base al diálogo y la confianza mutua en un nuevo escenario, con nuevos interlocutores.

“Bolivia debe pasar página”, aseveró, sin renunciar a su causa marítima, pero a la vez haciendo efectivas las opciones por el Pacífico del puerto de Ilo en Perú, país con el que firmó un acuerdo de uso preferente, y por el fluvial Puerto Busch como acceso al Atlántico a través del río Paraguay.

Al respecto, recordó que la corte reconoció que el tratado de 1904 entre Bolivia y Chile no solucionó el litigio entre ambos.

El tratado se firmó tras la guerra con Chile en la que en 1879 Bolivia perdió su acceso al Pacífico.

Hace “eco” a exautoridades chilenas

Por su parte, la presidenta de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño, pidió al portavoz de la demanda marítima, Carlos Mesa, que sea claro en sus criterios esgrimidos sobre el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) cuando habla de la necesidad de “nuevas personas” para encarar una siguiente etapa con Chile, pues parece -dijo- que le hace “eco” a las exautoridades chilenas.

“Él no ha sido claro, no me parece claro en ese tema espero, esperamos que no le esté haciendo eco como a exautoridades chilenas como el señor Eduardo Frei que de manera absolutamente inadecuada se meten en asuntos internos de la política boliviana”, señaló.

El expresidente de Chile, Eduardo Frei, sugirió que La Moneda debería entablar el diálogo post La Haya con Bolivia cuando haya un nuevo gobierno en La Paz, declaración que las autoridades bolivianas rechazaron categóricamente y calificaron de “intromisión”.