Mucho cuidado con las reservas internacionales

Las autoridades gubernamentales del país deben tener un mayor cuidado en la administración de las reservas internacionales netas (RIN). Si el descenso sigue como en los recientes años, el Gobierno se vería en la penosa y -si llega el caso-, conflictiva necesidad de devaluar nuestra moneda.

Recordemos que las reservas del Banco Central de Bolivia llegaron el 2014 a algo más de 15.000 millones de dólares y ahora están en algo más de 8.000 millones de dólares, nivel alcanzado en 2009.

Cuando el MAS se hizo cargo del Gobierno, el 2006, las reservas apenas superaban los 3.000 millones, y llegó a aumentar hasta los 15.084 millones el 2014. A partir del año siguiente empezó una reducción drástica, debido básicamente al crónico déficit comercial del país, llegando ahora (hasta principios de este noviembre), a 8.500 millones de dólares.

Solo en el último año, las reservas internacionales cayeron en 1.761 millones de dólares. El año pasado llegaban a 10.261 millones de dólares y ahora están por debajo de los 9.000 millones. 

Según el economista Juan Antonio Morales, docente desde hace 40 años de la Universidad Católica Boliviana y presidente del instituto emisor del país durante varios años, el constante descenso de las RIN es preocupante. Y, si las cosas siguen por este camino, el Gobierno no tendrá otra opción que devaluar la moneda nacional.

Desde hace siete años que nuestro signo monetario está inamovible en 6,96 bolivianos por dólar, hecho que según algunos analistas no solo coloca al dólar como una mercancía subvaluada, porque tiene un precio menor al que debería tener, sino que también perjudica las exportaciones, pues es más rentable ser comerciante que productor.

Mientras, David Espinoza, gerente de operaciones internacionales del Banco Central fue claro al señalar “las RIN están en el orden de 8.500 millones de dólares actualmente. A la fecha, tenemos un nivel alto de reservas y no hay razón para que suba la cotización del dólar”.

Las RIN crecieron de manera significativa en los años de bonanza, cuando los precios internacionales de las materias primas importadas por el país estaban altos. Pese a que los precios bajaron, el gobierno optó por no modificar su política de gastos e inversiones, financiando las erogaciones con mayor deuda externa y disponiendo de las reservas.

Desde el 2015, el comercio internacional del país es deficitario. Y, se llegó a lo que se conoce como déficits gemelos (fiscal y comercial), que seguirán erosionando las reservas. En la medida en que el Gobierno incremente su presupuesto general el gasto público, especialmente el gasto corriente, se seguirá cubriendo el déficit con el gasto de las reservas internacionales.

Esta situación económica preocupante parece que no será encarada adecuadamente, debido a que el próximo año, por ser electoral, inducirá al gobierno a destinar más recursos al gasto público y la inversión, lo que se traducirá en mayor reducción de las reservas.

Por el bien de la economía nacional, que se traducirá en beneficio de la población boliviana, sería recomendable que las autoridades gubernamentales no sacrifiquen la economía por la política. Las consecuencias de un accionar desatinado las tendrá que cargar el próximo gobierno.

Y no olvidemos que fue el elevado endeudamiento de los años de la dictadura de Banzer los que luego cobraron la cuenta en la administración de Siles Zuazo, que tuvo que afrontar una hiperinflación y otros problemas, que llevaron al gobierno de Paz Estenssoro a tomar medidas como el famoso y siempre desistido decreto supremo N° 21060, que sentó las bases de estabilización económica en agosto de 1985.