Necesidad de medidas de prevención

Todos los años la comunidad nacional confronta desgracias por la falta de medidas de prevención contra desastres naturales. Pese a existir una amplia y dolorosa experiencia, poco se hace para salvaguardar a la población, especialmente frente a una realidad en la que la cultura del seguro para la vida y los bienes no ha logrado calar en nuestro país.

Los pronósticos de los organismos especializados que alertan sobre el mal tiempo y los percances que ya se sufren con las primeras lluvias de temporada, deberían mover a las autoridades a actuar desarrollando campañas de previsión. El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) informó que en 16 regiones del país se registraron anomalías y lograron sobrepasar el doble de lo que acostumbra a llover en esta época del año. Las áreas donde las lluvias exceden de lo normal son: El Alto, Oruro, Potosí, Cochabamba, Sucre, Tarija, Villa Montes, Yacuiba, Reyes, Riberalta, Magdalena, Rurrenabaque, San Joaquín, Vallegrande, El Trompillo y Viru Viru.

Asimismo, el cambio climático ha confirmado los peores temores sobre un descontrol que puede sobrevenir en cualquier momento. Senamhi declaró la alerta hidrológica para el norte del departamento de La Paz, por la probabilidad de crecidas repentinas por intensas precipitaciones que se registrarán en la cuenca alta del rio Beni, que podrían provocar desbordes de los ríos en Alto Beni. En el oriente son recurrentes los desbordes de ríos e inundaciones.

En Bolivia el 43 por ciento de la población reside en zonas con alto riesgo de inundaciones, por lo que se hace necesario una mejor planificación del uso del suelo y, asimismo, fortalecer la coordinación entre el Gobierno central y las instancias subnacionales (municipios y gobernaciones), según un estudio del Banco Mundial. Esta situación explicaría que un tercio de los bolivianos han cambiado de residencia en los últimos años, en razón a varios factores, pero principalmente atraídos por las oportunidades laborales y la calidad de vida de sus familias.

El Banco Mundial encomendó el estudio “Subamos el estándar para ciudades productivas en América Latina y el Caribe”, desarrollado en 15 ciudades intermedias donde viven dos millones de personas. El trabajo fue efectuado por las consultoras María Ferreyra, y Zoe Trohanis, que entre sus consideraciones advierte que 66 de cada 100 bolivianos viven en las ciudades y la proyección hacia el año 2025 es que aumente al 75 por ciento. El trabajo argumenta que en Latinoamérica la productividad de las ciudades está por debajo de la media mundial, lo que estaría reflejando –entre otros aspectos– la débil articulación y coordinación del Gobierno central con las instancias subnacionales.

El hecho es que, con algunas excepciones, como Santa Cruz, la mayoría de las ciudades de Bolivia han crecido desordenadamente impulsadas por el aumento poblacional vegetativo y las migraciones del campo hacia los centros metropolitanos. Por ello la mayoría de la población de nuestro país, que hasta hace poco era rural, se ha mudado a los centros urbanos, asentándose en cordones poco auxiliados en una desordenada expansión de la mancha urbana.

Estos son los sectores más vulnerables cuando se presentan emergencias, y los esfuerzos para mejorar sus condiciones de habitabilidad chocan con las limitadas capacidades presupuestarias, a lo que se suma una irresponsable actitud de buscar asistencia a las víctimas de desastres antes que adoptar medidas preventivas, es decir, intentar remediar los males en lugar de hacer funcionar alertas tempranas que puedan evitar mayores dificultades.