No a la devaluación

La certidumbre en la solidez de la economía es esencial para evitar la especulación. Todo intento por ocultar información, alterar datos estadísticos y efectuar proyecciones compelidas, así como forzar el tipo de cambio, generan preocupación y temor en la población, que ha sufrido dolorosas experiencias en el pasado. La decisión del Gobierno de dejar de vender dólares, sin duda deriva en medidas de precaución que adoptará el ciudadano para protegerse de eventuales disloques en el comportamiento de la economía. Felizmente, el Gobierno se apresuró a negar cualquier posibilidad de devaluación.

El presidente del Banco Central de Bolivia (BCB), Pablo Ramos, desestimó una modificación de la política cambiaria del país, después de que el ente emisor decidió cerrar sus ventanillas para la venta directa de dólares a la población. “Nosotros estamos muy empeñados en mantener la estabilidad”, porque “es una condición del funcionamiento de nuestra economía”, según Ramos que explicó la posición del BCB. También detalló que la población boliviana confía en su moneda, porque ahora el 96% de los depósitos se hacen en bolivianos, cuando antes solo era 5%.

No es la primera vez y seguramente tampoco será la última medida apresurada del gobierno que no mide las consecuencias de sus acciones. Recordemos el alza del precio de la gasolina que desembocó en la mayor escalada de precios de los últimos 15 años. Ahora, parece imprudente limitar la venta de dólares en este momento, cuando se confirma la baja en los ingresos de divisas para el país como consecuencia de la disminución en la producción de hidrocarburos y ventas de gas natural a Brasil y Argentina; cuando se produce una notable caída en las reservas internacionales del país; cuando se incorpora al mercado una gasolina más cara, y cuando el gobierno determinó aprobar su presupuesto general con sensibles déficits. Hay otras situaciones que influyen en los mercados y que requieren prudencia.

Felizmente para tranquilidad de la población, es necesario reconocer que desde 2015, la inflación oscila entre 2,5 y 3,5%. El BCB estima una inflación acumulada del 0,8% y una anual del 1,8% para la presente gestión. También se proyecta que el Producto Interno Bruto (PIB), crecerá este año hasta 4.7%, según el ministro de Economía, Mario Guillén, por lo que se determinó que se pague el segundo aguinaldo. Naturalmente que existen otros indicadores que no son precisamente favorables, pero que no inciden directamente en las políticas monetarias.

Por ejemplo, un informe del Banco Mundial (BM) señala que el precio de las materias primas en el mercado internacional ha provocado un aumento de la pobreza en Bolivia y en otros países de la región. Esta situación se explica por la dependencia de las exportaciones extractivas. Según un informe del BM el 2013, Bolivia registró 38,9 por ciento de pobreza respecto de su población y tres años después ese indicador subió a 39,5 por ciento. El documento analiza la situación de los países y sus esfuerzos por reducir la pobreza. El informe bienal titulado “La pobreza y la prosperidad compartida 2018: Armando el rompecabezas de la pobreza”, muestra nuevos indicadores para medir la pobreza.

El período analizado coincide con los años de desaceleración de la economía boliviana que registró desde el 2014 a 2017, cuando el crecimiento se redujo de 6.8 a 4,2 por ciento del Producto Interno Bruto. De todas maneras, devuelve tranquilidad a la población saber que no se prevén devaluaciones ni medidas que desestabilicen la economía, lo que a su vez hace pensar que tampoco se piensa en eliminar o disminuir las subvenciones a los carburantes, y que la incorporación del nuevo tipo de gasolina no es un paso previo a la eliminación o degradación de la gasolina especial.