Pionyang redobla su presión sobre Washington pidiendo que reemplace a Pompeo

ONU

Pionyang redobló la presión para que Washington flexibilice su postura en el diálogo sobre desnuclearización pidiendo que sustituya como negociador al secretario de Estado, Mike Pompeo, y anunciando una prueba de armas de corto alcance.

En una nota publicada por la agencia KCNA, Kwon Jong-gun, un portavoz de la cancillería norcoreana, afirmó que «en caso de que las conversaciones se retomen en el futuro» al régimen le gustaría que en vez de Pompeo ese papel correspondiera a «alguien que muestre mayor tacto y madurez a la hora de comunicarse» con Pionyang.

El portavoz opina que la relación podría «complicarse si Pompeo está involucrado en las conversaciones» e incide en que cada vez que el secretario de Estado «mete las narices, el diálogo avanza mal y sin resultados».

En repetidas ocasiones se ha insinuado que Pompeo ha resultado tener muy mala química con funcionarios del régimen norcoreano, entre ellos su homólogo en las conversaciones nucleares, el responsable de inteligencia Kim Yong-chol.

«A Pompeo se le concedieron audiencias con nuestro presidente de la Comisión de Asuntos Estatales (cargo oficial del líder norcoreano Kim Jong-un) varias veces y ahí pidió la desnuclearización», prosigue Kwon.

«Sin embargo, realizó comentarios insensatos ante el Congreso (de EE. UU.), dañando la dignidad de nuestro líder supremo», añade.

El portavoz subrayó por otro lado que «afortunadamente, la relación entre el presidente (de EE.UU.) Donald Trump y nuestro líder (Kim Jong-un) sigue siendo buena» y que el mariscal norcoreano «está encantado» con que así sea.

«EE. UU. debería desechar por sus propios medios la causa principal que nos empujó a ser un Estado nuclear y los obstáculos en el camino hacia la desnuclearización», explica también Kwon en lo que parece ser una referencia al Consejero de Seguridad Nacional estadounidense, John Bolton.

Los norcoreanos consideran a Bolton, un conocido «halcón», uno de los principales responsables de que el diálogo sobre desarme haya fracasado en repetidas ocasiones desde los noventa. El texto de KCNA concluye diciendo que si Washington no varía el actual rumbo «nadie puede predecir cómo se desarrollará la situación en la península coreana».

Por esa misma línea parece ir el otro ademán publicitado por la propaganda norcoreana, que anunció que Kim Jong-un supervisó el miércoles la prueba de un arma táctica, sin precisar más detalles.

Las armas tácticas son armas de corto alcance diseñadas para ser usadas sobre el campo de batalla en escenarios de combate.

Los expertos creen que podría tratarse, por ejemplo, de un misil de crucero, un proyectil cuyo uso por parte de Corea del Norte en todo caso no está sancionado por ninguna resolución de Naciones Unidas.

No obstante, el gesto podría considerarse como un recordatorio para Trump de que la opción de retomar los ensayos de misiles balísticos y nucleares (algo que Pionyang ha llegado a insinuar tras la fallida cumbre de Hanói de febrero), estaría siempre a mano.

El presidente estadounidense ha dicho varias veces que, pese al estancamiento de las negociaciones, se da momentáneamente por satisfecho con el hecho de que el régimen no haya probado un arma de destrucción masiva desde noviembre de 2017.

La presión activada por Pionyang llega tras la falta de acuerdo en la capital vietnamita, de donde el régimen esperaba regresar con el levantamiento de parte de un programa de sanciones que cada vez estrangula más su economía.

Sin embargo, la apuesta de Washington en Hanói por proponer lo que se ha dado en llamar el «big deal» («gran acuerdo»), que pasa porque Pionyang elimine su programa nuclear, de misiles y de armas químicas y biológicas, no contentó a los norcoreanos.

A Washington tampoco le gustó lo que ofrecía Pionyang: inutilizar solo su centro de investigación nuclear de Yongbyon a cambio de que se retiren las sanciones que afectan más duramente a la ciudadanía, implementadas a partir de 2017 a raíz de su escalada armamentística.

El régimen trata de poner ahora la pelota en la cancha estadounidense con un llamamiento para que deseche el «big deal» y rebaje sus exigencias de cara a acercar posturas en un momento en el que también ha optado por acercarse a Moscú para buscar un relajamiento de las sanciones.

Ambos vecinos preparan estos días una cumbre, la primera entre Kim y el presidente ruso, Vladimir Putin, que probablemente se celebre en el puerto oriental ruso de Vladivostok tan pronto como la semana que viene.