Políticas de DDHH de Bolsonaro y Haddad también polariza

Carlos A. Moreno

Las políticas para los derechos humanos propuestas por los rivales en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del domingo en Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro y el socialista Fernando Haddad, polarizan de la misma forma que los candidatos lo han hecho durante toda la campaña.

Ambos expresan textualmente en sus programas de Gobierno que pretenden garantizar todos los derechos y respetar los principios de igualdad previstos en la Constitución, pero mientras que Haddad detalla sus diferentes iniciativas, Bolsonaro es genérico sobre el asunto y deja claro que su prioridad será la seguridad pública.

Según el programa de gobierno del candidato del Partido Social Liberal (PSL), polémico por defender la dictadura militar (1964-1985), la tortura y la liberación de las armas y por sus declaraciones de tinte machista, racista y homófobo, la prioridad será “la defensa de los derechos de las víctimas de la violencia”.

Es una respuesta a la creciente violencia que deja más de 60.000 homicidios al año en Brasil y que le ha permitido a Bolsonaro ganarse el apoyo de los millones de brasileños insatisfechos con la inseguridad pública.

De esa forma, mientras que el ultraderechista defiende la liberación del porte de armas “para garantizar el derecho del ciudadano a la legítima defensa”, el socialista propone un mayor control de las armas para detener la actual sangría de jóvenes negros que viven en las periferias de las grandes ciudades.

“Los derechos humanos son para las personas como nosotros y no para ese tipo de gente (delincuentes)”, afirmó esta semana el ultraderechista, el más votado en la primera vuelta de las presidenciales (46 % de los votos) y favorito para vencer el balotaje, con el 57 % de la intención de voto.

Bolsonaro considera que es necesario “transformar la cultura de defensa de los derechos humanos” en Brasil por considerar que impide el combate a la criminalidad y premia a los presos.

“Hay diferencias muy grandes en los programas de derechos humanos de ambos, pero especialmente en los discursos, ya que Bolsonaro niega su importancia”, explicó el director de la organización Instituto Sou da Paz, Ivan Marques.

“La principal diferencia son las concepciones de derechos humanos, ya que Bolsonaro las distorsiona y considera que las garantías protegen a los criminales y no a toda la sociedad. Por eso advierte en su programa que la prioridad de la política serán las víctimas de la violencia”, agregó el activista en derechos humanos.

Mientras que Haddad propone en general una ampliación de las garantías aprobadas en los últimos años para minorías y la creación de ministerios específicos para mujeres y negros, Bolsonaro asegura que promoverá el respeto de los derechos de todos los brasileños desde que no se sobrepongan a los derechos prioritarios a la vida y a la defensa, y mientras no interfieran en la vida de los otros.

“Haddad enumera en su programa una serie de cuidados a tener en cuenta con relación a los derechos humanos, específicamente para proteger a las poblaciones más vulnerables, como negros, homosexuales y mujeres”, aseguró Marques.

Sobre esas minorías, Bolsonaro afirmó esta semana que pretende acabar con el discurso de “pobrecitos” que busca generar “lástima” hacia poblaciones como las de negros, homosexuales e inmigrantes internos procedentes del empobrecido nordeste.

Mientras que el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) propone la reducción de la población carcelaria para limitar los presidios para autores de crímenes violentos, su rival quiere eliminar beneficios que permiten reducir penas o liberar temporalmente a los presos, así como reducir la edad de responsabilidad penal de los actuales 18 años a 16 años.

Para el socialista, es necesaria una reforma de la legislación penal para detener “el encarcelamiento en masa, especialmente de jóvenes negros de la periferia, y reducir la presión sobre el sistema carcelario, lo que permitirá una reducción de recursos”.

Para Marques, en caso de una victoria de Bolsonaro, “no hay una amenaza inmediata para los derechos humanos en Brasil, ya que la Constitución y las leyes los garantizan”, pero sí riesgo de que las minorías no disfruten de algunos programas que los favorecen.

“No creo que tenga tanto poder ni apoyo mayoritario en el Congreso como para reformar la legislación de derechos humanos con su visión distorsionada, pero sí creo que habrá dificultades para garantizar la aplicación de las leyes que garantizan el respeto para todos”, agregó.