Sánchez Berzaín: “Bolivia es una patria cautiva” y un “narcoestado” encabezado por Morales

EFE

El exministro boliviano Carlos Sánchez Berzaín afirma que Bolivia se ha convertido en una “dictadura” en los 15 años transcurridos desde la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, por la masacre de “octubre negro”, que se cumplen este miércoles, y llama a los bolivianos a formar “una alianza por la democracia” para derrotarla.

“Bolivia es una patria cautiva”, un “narcoestado” encabezado por Evo Morales y vinculado al castro-chavismo, dice a Efe quien era ministro de Defensa cuando Sánchez de Lozada renunció el 17 de octubre de 2003 en medio de protestas sociales que el Gobierno no pudo contener ni con ayuda de fuerzas militares.

“Patria cautiva” es precisamente el título de un nuevo libro de Sánchez Berzaín presentará mañana en Miami en coincidencia con el decimoquinto aniversario de una renuncia que, según dice en entrevista con Efe, no debería haberse producido.

A su juicio, “no tenía que haber renunciado ni dejado el poder, habría que haber buscado mecanismos para salvar la democracia”, subraya este abogado constitucionalista muy cercano a “Goni”, como se conoce al expresidente, de quien fue también ministro de la Presidencia en dos ocasiones y otras tantas ministro de Gobierno.

Sin embargo, dice que eso es fácil decirlo ahora, porque “mirando atrás todo es 20/20 (visión perfecta)”.

En su nuevo libro, Sánchez Berzaín, asilado político en EE.UU. como “Goni”, hace un relato pormenorizado y documentado de lo que ha pasado en Bolivia, adonde no ha vuelto en los últimos 15 años, por tener un “juicio pendiente debido a su participación en la “masacre de octubre negro”.

También envía un claro mensaje a sus compatriotas sobre cómo hacer de Bolivia la República que era antes de “ser suplantada por un estado plurinacional” en el que -dice- “no hay un estado de derecho”, “ni división de poderes”, “se ha multiplicado por 20 la coca ilegal” y Morales quiere perpetuarse en el poder.

El hoy director del Instituto Interamericano por la Democracia de Miami plantea un plan de tres puntos que empieza por “señalar al dictador como lo que es”.

El segundo punto es forjar una “alianza por la democracia”, un “proyecto nacional” que apunte “primero a recuperar” el sistema democrático y luego a “disputar el poder” entre los aliados.

El último punto es tener en cuenta que “quien haga el juego a las elecciones de Evo Morales en 2019, lo único que está haciendo es prestarse a la trampa de la dictadura”.

Al respecto señala que los opositores a Morales, que fue uno de los dirigentes de las protestas de 2003 y luego de las de 2005, que provocaron la salida de Carlos Mesa de la Presidencia, deberían seguir el ejemplo de la oposición unida de Venezuela: no presentar candidatos e instar a los ciudadanos a no votar.

Una vez recuperada la democracia, dice Sánchez Berzaín, Bolivia debería ir hacia el parlamentarismo y el federalismo, porque el presidencialismo y el centralismo “no dan más de sí”.

Sánchez Berzaín sostiene que lo que pasó en Bolivia hace 15 años fue fruto de un “proyecto transnacional” en el que los líderes de la revolución cubana, que en los años 90 “no tenían dinero para desestabilizar” a América Latina, empuñaron la batuta.

El dinero lo puso la rica Venezuela de Hugo Chávez y no se trató solo de hacer caer a “Goni”, sino también a Jamil Mahua (2000) en Ecuador; Fernando de la Rúa (2002), en Argentina, y Lucio Gutiérrez (2005), también en Ecuador.

En 2004 hubo otro “derrocamiento”, el “más importante”.

Miguel Ángel Rodríguez debió dejar la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA) por un caso de corrupción en su país y así llegó al puesto el chileno José Manuel Insulza, que, a juicio del exministro boliviano, tuvo una gestión acorde con lo que pretendían los conspiradores.

“Sin Fidel Castro, Chávez y las FARC (guerrilla de Colombia), un dirigente cocalero como Morales no hubiera llegado al poder (2006)”, asevera.

Cuando se le pide que haga “autocrítica” sobre la segunda presidencia de Sánchez de Lozada (la primera fue de 1993 a 1997) dice: “tuvimos una mala lectura de la realidad objetiva”.

El Gobierno era “débil” pero no “impopular”, había heredado una crisis económica y era una democracia “inerme”, que “no tenía mecanismos para defenderse”.

“Han sido 15 años de terror, han destrozado a Bolivia y la han dejado cautiva”, subraya el exministro, quien ha dedicado un anexo en el libro al proceso civil que él y el expresidente han enfrentado durante años en EE.UU. por una demanda de familiares de ocho de las más de 50 personas muertas en las protestas de 2003.

Un juez estadounidense declaró este año que ambos Sánchez no pueden ser considerados responsables de esas muertes.