Se desestabiliza a gobiernos comunales

Carlos L. Crespo García

El expresidente Víctor Paz Estenssoro decía: “Si las pegas no abastecen los Gobiernos se caen”.

Por eso a tiempo de vislumbrarse elecciones generales ofrecer pegas en la administración pública, es de doble filo, las cabezas ruedan como con guillotina de la Revolución Francesa.

Al parecer el Presidente Morales y sus “asesores encubiertos” -pero que son de conocimiento de la mayoría de los bolivianos-, se dieron cuenta que su popularidad ha bajado y que las comunas ganadas por los opositores deben ser recuperadas para ofrecer pegas a los conmilitones.

Antes que dilucidar sobre las mochilas chinas, en Oruro, Cochabamba y de las posiciones antagónicas de los alcaldes de Chuquisaca, La Paz, la balanza de las discusiones parece que se inclina para defenestrar a los citados, llevar gente de su confianza a esos sitiales, o por lo menos coadyuvar a que simpatizantes les hagan caso, para de dicho modo tener a su alcance “las peras” y ofrecer a quienes se convertirían en propulsores del proceso. En La Paz, el gobierno comunal tiene aproximadamente seis mil servidores públicos, en El Alto unos dos mil novecientos, en Cochabamba, unos tres mil doscientos, en Oruro unos un mil doscientos, Chuquisaca unos mil seiscientos.

Como se advierte, son pegas que multiplican los quehaceres políticos, pues cada uno de los servidores públicos tiene familia, mínimo dos a tres personas bajo su responsabilidad. Además cuentan con “influencia” para cooperar a gremiales, empresas constructoras, “con el manto de la comisión”, en cuanto a licencias, licitaciones de obras, patentes de funcionamiento, en los hechos son agencias de multiplicación de votos.

Esa parece ser la intención del partido oficial, pues las manifestaciones últimas de miles de universitarios, juntas vecinales, colectivos y plataformas sociales, los puso en jaque y no saben cómo maniobrar en el tablero de ajedrez político, por cuanto doce o quince años en Gobierno con los mismos actores, como ministros, viceministros, directores, diputados, senadores y hasta mensajeros, en Ministerios y otras entidades dependientes del Estado, da pie a que otros militantes de nueva generación también reclamen participación en los esquemas del poder.

Ante esa situación, los partidos opositores que ganaron las comunas o algunas gobernaciones, se ven en la defensiva, pues al calor del “delito cometido” sea con mochilas chinas o contrabando, la avanzada oficialista ha comenzado su estrategia de tomar esas pegas que irradian cientos de otras peras.

Al intentar posesionar esa inquietud los oficialistas no se dan cuenta que ya no cuentan específicamente con el apoyo de las multitudes urbanas, en muchos casos tampoco en varias provincias, sobre todo de La Paz, como ser Achacachi, provincia Ingavi, Omasuyos, etc.

El que en todo lugar y circunstancia pública, se coree Bolivia dijo No, Bolivia dijo No, ha calado profundo y por tanto, debería llamar a reflexión al gobernante para que en lo internacional no se quiebre la institucionalidad democrática de Bolivia como ocurre con el gobierno de Nicolás Maduro, de Venezuela: la OEA, la Comunidad Europea, Estados Unidos, la Cumbre de Lima y sus declaraciones y oposición a dicho gobernante no debe pasar desapercibido para quienes en Bolivia tienen la oportunidad de salir por la puerta ancha del Palacio Quemado.

El querer a toda costa hacerse de las comunas y gobernaciones que les resulta adversas, los pone en situación de desventaja y crítica nacional, pues las nuevas generaciones reclaman su derecho a gobernar Bolivia sin paternalismos excluyentes.