Sudáfrica celebra el 25 aniversario de sus primeras elecciones democráticas

Con celebraciones por todo el país y la vista puesta en los comicios del próximo 8 de mayo, Sudáfrica conmemoró ayer el 25 aniversario de sus primeras elecciones democráticas, que sepultaron definitivamente la segregación racial del «apartheid» y convirtieron en presidente a Nelson Mandela.

«En este día, 25 años atrás, fundamos un nuevo país como sudafricanos. Un país definido por los principios de igualdad, de unidad, de no racismo y de no sexismo», manifestó el actual presidente, Cyril Ramaphosa, durante el principal evento conmemorativo del aniversario, celebrado en la localidad de Makhanda (hasta 2018 denominada Grahamstown), en el sureste del país.

Paralelamente, en esta jornada había también programados conciertos, charlas y hasta iniciativas en las redes sociales para que los sudafricanos compartieran cómo vivieron aquellos días históricos.

Los comicios de 1994 se celebraron entre el 26 y el 29 de abril (aunque el aniversario oficial se celebra anualmente cada día 27, bautizado «Día de la Libertad»), con los ojos del mundo puestos en Sudáfrica.

Atrás quedaban 4 años de difícil transición y miles de muertos por la violencia política, además de serias dudas sobre si el país no estallaría en una guerra civil.

Largas colas para votar, con rostros de todos los colores en fila por primera vez, y un ambiente mayoritariamente festivo desterraron los peores presagios.

«Esto es, para todos los sudafricanos, una ocasión inolvidable. Es la realización de las esperanzas y sueños que hemos abrigado durante décadas. Los sueños de una Sudáfrica que representa a todos los sudafricanos, el comienzo de una nueva era», afirmó Mandela el 27 de abril de aquel año, tras votar por primera vez en su vida.

Durante casi algo más de cuatro décadas (desde 1948), el apartheid había funcionado como una maquinaria opresiva pensada para mantener el «statu quo» de la minoría blanca que controlaba el país, herencia de la colonización holandesa y británica.

La segregación condenaba a la población negra a una educación degradada, a vivir hacinada en guetos, a entrar a los edificios públicos por puertas diferentes o a usar medios de transporte segregados, entre muchas otras limitaciones.

El apartheid regulaba todos los aspectos de la vida, incluso las relaciones sentimentales interraciales, que estaban prohibidas. Y, por supuesto, también impedía votar a la mayoría de la población.

Todo aquello terminó aquel abril de 1994, cuando Mandela se anotó la victoria con un 62,65 % de apoyo.

«Creo que los sudafricanos estaban esperando, con razón, un resultado (electoral) muy tenso y muy violento, probablemente fallido», contó a Efe Luzuko Koti, director de Comunicación de la Fundación Nelson Mandela.

«Estaba todo en nuestras manos. Si elegíamos la paz y elegíamos un nuevo camino hacia la democracia, conseguiríamos llegar. Pero si elegíamos quedarnos atrapados en esas batallas y en la destrucción de nuevo, no íbamos a llegar a un Estado democrático», detalló Koti, que en aquella época era uno de los millones de sudafricanos que accedían por primera a su derecho a votar.

No obstante, pese al cuarto de siglo transcurrido, la «nación arco iris» está aún lejos de cumplir los sueños con los que fue a las urnas en 1994.

La Sudáfrica actual es una de las naciones más desiguales del mundo, con tasas de pobreza superiores al 50 %, y la corrupción galopante, extendida por todo el aparato público -especialmente durante el mandato de Jacob Zuma (2009-2018)-, mina tanto la confianza de los ciudadanos en las instituciones como la de los inversores extranjeros.

El crecimiento económico, pese a que Sudáfrica es la nación más industrializada del continente, se mantiene débil (0,8 % en 2018) y muchos de los servicios estatales -desde la educación a la producción de electricidad- son muy deficientes.

El desigual reparto de la tierra, mayoritariamente aún en manos blancas, y el elevado desempleo (27 %), son otros de los factores que acrecientan las grietas socioeconómicas del país.

«No podemos ser una nación de gente libre cuando tanta gente vive aún en la pobreza, (…) sin suficiente alimento, sin un techo apropiado», reconoció el presidente sudafricano.

Pese a todos estos problemas, el Congreso Nacional Africano (CNA) de Mandela se ha mantenido invicto en todos los comicios celebrados hasta la fecha en el país.

Todo apunta a que, cuando los sudafricanos vuelvan a las urnas el próximo 8 de mayo, la tendencia continuará y Ramaphosa revalidará el cargo que heredó de Jacob Zuma en febrero de 2018, cuando su propio partido le obligó a dimitir por sus numerosos escándalos.