Trump frena invasión comercial de China

El frente imperial de la China, en su fase comercial de penetración a mercados de los Estados Unidos, llevó al Presidente Donald Trump a frenar las importaciones del gigante asiático, causando frío polar a los industriales y comercializadores del imperio de Mao.

Trump impuso aranceles de “seguridad nacional”, sobre doscientos mil millones de dólares de las importaciones chinas, para que entren en vigencia a partir del próximo lunes, intensificando su “guerra comercial” con Pekín.

Afectaran los bolsos, el arroz y textiles, aunque algunos artículos como los “relojes inteligentes” casi computadoras y las “sillas altas” o alta tecnología se han eximido. Comenzarán en un 10% y aumentarán al 25% desde enero del próximo año, a menos que los imperios efectúen un acuerdo.

China devolvió el gran golpe de Trump al anunciar nuevas tarifas comerciales sobre sesenta mil millones de dólares de bienes estadounidenses. Apuntará al gas natural licuado producido en Estados Federales leales al Presidente de los Estados Unidos.

No vamos a quedarnos en porcentajes o números, porque a la mayoría de los estantes de Latinoamérica, le interesa saber si la “guerra comercial” de Estados Unidos y la China, afectará o no a las economías de esta parte del continente.

Eso es lo preocupante, la China penetró las estructuras económicas de la mayoría de los países europeos y ni que decir de los Estados Unidos, de Centro y Suramérica, en estos con poca proporcionalidad debido a su población territorial.

Claro que afectará a las economías sobre todo de México, Colombia, Brasil y de retoque a Ecuador, Venezuela, Cuba, Bolivia, Chile, Perú, Paraguay, Uruguay, a estos porque la China no solo que “invadió con su producción” de manufactura, sino que asumió la fatalidad de ingresar a detentar la industria y la exploración de minerales y riquezas naturales, entre ellas la forestal.

Con referencia a Bolivia, con una población de doce millones de habitantes, aproximadamente con un millón de consumidores, tendrá un efecto dominó proveniente de los demás países del cono Sur. El gobierno tendrá que comprender que debe defender su economía frente al nuevo imperialismo que se va posesionando en forma ostensible de recursos naturales, con la exploración y explotación de minerales, piedras preciosas, depredación de miles de hectáreas forestales, a fin de hallar, con su tecnología, centros de filones de minerales sea de estaño zinc, oro, plata, etc., y como consecuencia el asentamiento de cientos de familias chinas que incidirá, en cuanto a trabajo y mano de obra, en contra de los bolivianos.

Como ejemplo nimio, de la invasión de productos, mercaderías y mercancías a Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Chile, Venezuela, la China transporta en enormes transatlánticos miles de camiones, autos, tractores, manufactura y textiles nueva y usada, maquinarias de exploración, a partir de su ingreso al océano Pacífico van distribuyendo a los países, a unos más que a otros, a precio “razonable”.

Es posible que con el freno que intenta Trump a la invasión comercial de los chinos, la manufactura boliviana eleve su producción, la agropecuaria y ganadería, la minería, así como la industria nacional, tengan protección del Estado y logren mejoría.

Es cierto que los chinos se asentaron, en forma pacífica, a lo largo de todos los territorios del orbe, penetrando a través de su comercio e industria, pero también es necesario que gobernantes de naciones que sufren la invasión de productos de dudosa calidad, a precios ínfimos, deben defender su producción interna y a sus industriales.