TSE ocasionaría que la caldera del diablo explosione

Dr. DAEN. Wenceslao Jáuregui

“Los gobernantes no siempre están bien acompañados”, reza un adagio, además filosófico, de los romanos. Es cierto. Por ejemplo, en Bolivia los integrantes del Tribunal Supremo Electoral, nominados y designados por la Asamblea Legislativa, en mayoría de dos tercios, militantes del partido oficial, no se pronuncian en torno a los resultados del 21F y su propia pregunta que revisada en el Tribunal Constitucional, también de militantes o simpatizantes del MAS, fue avalada, es decir los propios militantes del partido de Gobierno, elaboraron la pregunta que les resulto fatídica, pues el pueblo en mayoría absoluta voto NO a la modificación y por consiguiente NO a la reelección de Morales y García.

Si acudimos a lo que reza la Biblia, la Constitución, el Corán, lo único que cabe, es recordar a los que perdieron la memoria los resultados de dicho referéndum, que es vinculante y que no se debe hacer proselitismo, campaña adelantada, porque es inconstitucional.

Cómo explicar que a título de inaugurar obras – que si bien se las realizo, fueron hechos con dineros del pueblo como obligación del programa de gobierno-, procede sobresaturar con afanes propagandísticos, solicitadas, obras pasadas.

Lo que corresponde al TSE es, ahora, pronunciarse y resolver si los resultados del 21F se acatará o si la sentencia “arbitraria, ilegal, del Tribunal Constitucional”, que falló entorno a derechos humanos que asistiera a los gobernantes, vale, sin que éstos lo hubieran planteado en forma personal, escrita, para postular en forma indefinida.

Es mejor, para el propio Presidente, saber qué resolución adoptará el TSE, ahora, porque de acuerdo a lo que se comenta en niveles políticos de oposición, el TSE al decir que hará conocer su postura recién el año 2019, si habilita o no la candidatura y postulación de los actuales mandatarios, incurre en incumplimiento de deberes constitucionales, es su deber, por lo menos en esta ocasión, hacer conocer al pueblo lo que intenta ocultar, alargando para un año más, algo que podría convertirse en un caldero del diablo.