Un día de boda negro

Dr. Javier Albarracín

Sin ánimo de ofender a los cónyuges ahora “enemigos”, me abstendré de dar nombres, porque es una situación muy triste cuando podía haber sido un día de alegría, confraternidad y conocimientos entre parientes de uno y de la otra.

Lo cruel es que no hay argumento válido cuando el agresor le asesta varios golpes a la que era su novia y la empapa de sangre y sudor frio en el alma y en el cuerpo.

Qué podría haber dicho ella de la madre o padre del novio, es irrelevante, pero también tenía en cierto modo responsabilidad del suceso.

Con hematomas en la cara, el novio y ahora exnovio, relataba que “ella lo había agredido”, al parecer la ex tenía una manaza pues el ahora detenido realmente tenía morado debajo del ojo y de paso recibió una serie de patadas por parte de los familiares de la no tan buenita exnovia.

¿Qué es lo que está ocurriendo en una sociedad plagada de hechos que antes no se había visto o por lo menos denunciado?

Quién podría tirar la primera piedra, en casos como el citado. Es la interrogante.

Los investigadores están seguramente anonadados porque vestida de novia la joven no imaginó que ese día sería el más negro de su historia a contar.

Qué llevó a que el iracundo agresor, que intentaba justificar su delictivo proceder, señalando a su ex como la que hubiera iniciado el desenlace fatal.

Y qué de los familiares que se sintieron ofendidos por “las palabras” que hubiera vertido contra ellos la noviecita del caso.

Por qué la ahora abandonada a su suerte, dama, adolorida y sorprendida por lo que hubiera dicho y producido en su físico, nada menos en un día y hora en que no había lluvia, ni luna roja, sino estaba lista para decir el Sí a la interrogante del sacerdote, tuvo que abrir la boca para deslenguarse en contra de los familiares de quien hubiera sido el sostén de un nuevo hogar.

Triste drama, incomprensible, pero real, que debe llamar a reflexión a los jóvenes que deciden casarse sin realmente saber con quién van a vivir.

El uno irá a la cárcel, la otra está vejada, humillada, pero quien sufre las consecuencias de esa maldita fecha, es un niño, hijo de los “combatientes”, por una mala o varias buenas expresiones que el novio y su padre lo tomaron a mal y llegaron al extremo de desatar furia incontrolable contra su querencia.

Ojalá sirva de lección a quienes consideran que casarse es para un momento de deseo y nada más.

De acuerdo a estadísticas judiciales, muchos matrimonios de jóvenes no pasan del año o dos, para luego ingresar a la casa del martillo y del jaboncillo, a divorciarse, donde se resbalan y luego tienen consecuencias para nunca olvidar.