Urgencia de industrializar al país

La hostilidad con la que el gobierno del presidente Evo Morales trató a las transnacionales y al capital internacional ha virado radicalmente, tanto en los hechos como en las palabras.

El nuevo ambiente, en algunos casos más que amistoso, busca atraer inversiones. Aunque el gobierno no se ha cansado de hacer propaganda sobre las supuestas ventajas de las “nacionalizaciones”, ya poco se puede ocultar sobre la realidad al mostrar a las petroleras operando y manejando el gas y el petróleo y haciéndose cada vez más difíciles a la hora de ampliar sus capitales para buscar nuevos campos de hidrocarburos.

Otra evidencia es la invitación que hizo la actual administración para que las transnacionales inviertan en el país para lo cual no se ha dudado en poner en subasta 80 campos potencialmente depositarios de hidrocarburos. Pese a ello, la respuesta no fue muy alentadora, ya que se ha chocado con señales objetivas de la realidad nacional e internacional que se mueven por factores que responden más bien a visiones pragmáticas del mercado. Poco es lo que consiguió el gobierno. Las inversiones siguen mezquinas.

En el último Foro de Exportadores de Gas auspiciado por el Gobierno, se esperaba apoyo para mejorar los precios del gas. Pero lo que se consiguió fue todo lo contrario, ya que se expuso la delicada coyuntura, y los representantes de varios países coincidieron en la necesidad de unir esfuerzos para buscar la estabilidad del precio de gas y del mercado internacional del petróleo, que responden a los efectos de una creciente producción. Lejos de adoptar decisiones como reducir la producción para hacer más apreciado el producto, todos lanzaron deseos más bien de aumentar la producción. La mayoría de los grandes productores está en los países árabes que ya han fijado su posición que apenas logra frenar algo la oferta de crudo. La semana pasada, Arabia Saudita anuncio su decisión de bajar su oferta petrolera, esperando que otros socios de la OPEP hagan lo mismo ante una nueva caída de los precios.

Esa visión, sin duda es catastrófica para los países exportadores de gas natural, cuyo precio está ligado al del petróleo, y porque ahora la competencia se ha ampliado, con la tecnología del “fracking”, que convirtió a Estados Unidos, de importador a exportador de gas, avanzando sobre el mercado global. A ello se suma el avasallador crecimiento de la oferta de Gas Natural Licuado (LNG), que ingreso con fuerza a Latinoamérica, y que en este momento tiene mercado seguro en Argentina Brasil y Chile principalmente. Como si esto fuese poco, Argentina aceleró su producción de gas de esquisto con buenos resultados y comenzó a exportar gas natural a Chile, y disminuyó sus compras a Bolivia. Brasil ya no renovará el contrato del gas y se limitará a compras que puedan efectuar algunos Estados, entre ellos Matogroso.

Las nuevas tecnologías de producción de gas, la sobreproducción, y la pérdida de mercados, han golpeado a la producción tradicional, lo que obliga a considerar alternativas, entre las que vuelven al primer plano cambiar la política de explotación de recursos naturales y exportación de materia prima por la industrialización y generación de valor agregado, y fundamentalmente, por la diversificación de la producción, con miras optimistas al sector agropecuario.