Venta de dólares al público

Las crisis que han afectado a las economías en Latinoamérica, tanto en el pasado remoto como en el reciente, tienen factores comunes. En el presente, la situación poco ha cambiado y desgraciadamente confirman el temor de que es perfectamente posible repetir errores, o parafraseando un antiguo refrán, tropezar con la misma piedra. Uno de los factores más sensibles y determinantes es la especulación que casi siempre tiene el mismo origen. Se produce al esconder productos básicos o divisas, según la coyuntura del momento, que tocan fibras muy sensibles de la gente y la mueven a tomar precauciones.

El detonante puede ser un simple anuncio sobre riesgos en las reservas monetarias, escasez de divisas, ocultamiento o simplemente medidas restrictivas a la libre compraventa de moneda extranjera mostrando intenciones de control de divisas. Puede tratarse de una medida temporal o acción coyuntural volátil cuyos efectos se eliminarían a al revertirse la disposición. Pero existe el riesgo de que quede una sensación de duda. Por ello es necesario que quienes tienen a su cargo el maneo de la economía de un país o se encuentren en situación de poder, tienen que ser muy cuidadosos con lo que hacen y anuncian.

La determinación del Gobierno de dejar de vender dólares al público ha generado reacciones preocupantes, que no se desvanecieron con las explicaciones y promesas de las autoridades que sostienen que en el país no se producirá una devaluación monetaria. Muchas veces las aclaraciones y explicaciones a medias son portadores de mensajes que lejos de despejar la incertidumbre pueden ahondarla. Solamente rectificando caminos y demostrando que con hechos que no hay razón para preocuparse es que se despejaran los temores.

Pero en este momento hay señales que el Gobierno debiera tomaren cuenta y actuar en consecuencia. En un escenario de desaceleración de la economía, cuando bajan los ingresos por las exportaciones tradicionales y el gasto público aumenta, es natural que exista susceptibilidad al restringirse la venta de dólares. La gente tiene muchos medios para informarse y comprender que algo está mal cuando bajan las exportaciones, ya no se vende el gas como antes ni a Brasil ni a Argentina, y que las importaciones bolivianas en los primeros ocho meses del 2018 fueron superiores en más de dos mil millones en relación a los ingresos. Si existe un déficit en la balanza comercial, y las reservas netas internacionales RIN disminuyen, es lógico que el ciudadano se pregunte qué está pasando.

Volviendo a los hechos, los librecambistas aumentaron el precio del dólar, las casas de cambio dejaron de vender dólares y son los bancos los que están negociando divisas, pero con una diferencia muy grande entre el valor de la compra y la venta que oscila en unos 10 puntos. El problema de la especulación con divisas es global. Ocurre en todo el planeta, e involucra a toda persona que dispone o necesita dólares convirtiéndose esta práctica en un lucrativo negocio que especula con las necesidades y temores de la gente. Algunas estimaciones señalan que diariamente en el mundo se mueven más de cuatro billones de dólares en el canje de divisas, convirtiendo esta actividad en el mercado más grande y más líquido del mundo especulativo. Los anuncios del Gobierno de garantizar la estabilidad monetaria, desahuciar una devaluación y mantener el tipo de cambio seguramente son bien recibidos por la población, pero bien harían las autoridades en reponer la venta de dólares al público en el Banco Central, demostrando que no hay temor a una fuga de divisas, y frenar de esta manera las susceptibilidades y la especulación.