Vicios políticos antidemocráticos

Como ya ocurrió en procesos electorales anteriores, las campañas proselitistas se iniciaron con mucha anticipación y bajo sombras similares, errores recurrentes, y un olvido que parece deliberado de los fundamentos esenciales de la democracia, que requieren de garantías legales, igualdad de oportunidades, libertad de acción, reglas claras, y un arbitraje imparcial, honesto, transparente y eficiente. Pero ni la oposición y mucho menos el oficialismo parece advertir las condiciones «anormales» en las que se avanza hacia las elecciones.

Recordemos que organismos internacionales, basados en tratados y acuerdos vinculantes de los que nuestro país es signatario, analiza las transgresiones a la Constitución Política del Estado y los supuestos derechos humanos de los actuales candidatos oficialistas a postularse por encima de las normas legales. Pero las campañas avanzan y los partidos también, como siempre ocurre, se esmeran en desatar guerras sucias embarrándose mutuamente, descalificándose y mostrando sus bajezas ante los electores que, sobre esas bases, los miden y los representan como lo que realmente son.

Mientras tanto el país corre riesgos que no encuentran solución ni entre los gobernantes ni por parte de los opositores que nada proponen. Un vacío los acompaña en sus esmeros por lograr adherentes. Los dirigentes de los más altos niveles de la oposición, así como sus operadores están enfrascados en buscar alianzas, y buscar apoyo a sus respectivas candidaturas. ¿Qué garantías puede ofrecer un Órgano Electoral compuesto por adherentes al oficialismo? ¿Se puede confiar en un Tribunal Supremo Electoral (TSE) se subordinado? Si algún ciudadano cree que en la institución que debe administrar los comicios todo marcha bien, quiere decir que no está debidamente informado de las renuncias de los vocales, el retiro del personal técnico y de hechos como las observaciones efectuadas por el Vicepresidente del TSE Antonio Costas, en un carta dirigida a los vocales en la que advierte que el Órgano Electoral podría no estar en condiciones de organizar las elecciones de este año. En su criterio hay varios problemas operativos, entre ellos, 87 acefalías por renuncias y despidos; falta de definición del presupuesto electoral, falta de equipos biométricos, indefinición sobre los sistemas informáticos a utilizarse y otros temas que merecen urgente solución.

Pero frente a esta crisis, en una mezquina e irracional actitud, los responsables de partidos políticos de la oposición prefirieron poner en primer plano sus ambiciones personales antes que el interés colectivo. Enfrascados en buscar apoyo a sus propios caminos frustraron toda posibilidad de alcanzar un acuerdo que una a la gente que cree en la democracia y aspira a se respeten sus derechos y garantías constitucionales, hoy menospreciados tanto por el oficialismo como por los que se dicen de oposición. No otra cosa significa haber desechado la posibilidad de hace un frente común que pueda interpretar y representar una opción sólida.

De esta manera, a pesar de las propuestas que inicialmente permitieron el diálogo y la búsqueda de coincidencias entre algunas fuerzas, para elegir un solo candidato a la Presidencia y formar un bloque sólido, todo quedó en nada y prevalecieron las ambiciones personales y partidistas. Como consecuencia, se ha dispersado a la oposición, volviendo a resignar posibilidades.

La mezquindad de los políticos de la oposición se traduce también en que hasta ahora no han sido capaces de reclamar transparencia para los comicios, respeto a la independencia de poderes; conseguir garantías para el respeto a la voluntad popular o eficiencia en la administración del proceso electoral. Pareciera que algunos candidatos solamente aspiran a tener en su hoja curricular su participación, porque el desenlace que se advierte es otro fracaso.